La Tradición Rebelada

MNAV
MNAV

La Tradición Rebelada


Museo Nacional de Artes Visuales
Av. Tomas Giribaldi 2283
Parque Rodó, Montevideo
14 a 19 horas

"El Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV) presenta la exposición colectiva La tradición rebelada, de los artistas Daniel Batalla, Judith Brítez, Gabriel Bruzzone, Marcelo Larrosa, Julio Mancebo, y Gustavo Serra, en su configuración más reciente, luego de una itinerancia realizada en Italia en 2015 y 2016 con el nombre de Arte Abstracto Uruguayo. En aquella ocasión, en la que me invitaron a escribir un breve texto de presentación, destaqué que la propuesta de estos artistas -con un interés común en la pintura y la apropiación o elaboración de objetos que les permiten seguir investigando sobre la forma y el color en diferentes soportes- también comparte un origen en su hacer plástico, vinculado estrechamente a la tradición del arte constructivo que fue desarrollada por el maestro Joaquín Torres García en los tempranos años 30 del siglo XX en Uruguay.

Mancebo

Por otra parte, La tradición rebelada no es solamente una exposición que da testimonio de un estado de afinidad artística sino también de un compromiso con la producción artística que liga fuertemente la gozosa manufactura con la sutileza conceptual.
Desde el MNAV, deseamos que esta instancia expositiva en nuestro país tenga continuidad y que La tradición rebelada pueda representarnos más allá de nuestras fronteras".

Enrique Aguerre
Director MNAV

 

Batalla


La tradición rebelada

por Germán Silveira
Montevideo, 1972 -  Doctor en Estudios Transculturales de la Universidad Jean Moulin Lyon 3, Francia.


La muestra que hoy tenemos la oportunidad de ver en el Museo Nacional de Artes Visuales llega cargada con una experiencia vital. Montevideo representa la tercera etapa de un itinerario que llevó a este grupo de seis artistas uruguayos a exponer previamente sus obras en dos ciudades de Italia: Saronno (Villa Gianetti) en marzo de 2015 y Milán (Instituto Cervantes) durante el mes de enero de 2016, concretando así el proyecto que la sociedad creativa compuesta por los artistas Brítez y Larrosa había imaginado -y echado a andar- un tiempo atrás.

Los artistas que integran esta Muestra -Mancebo (1933), Batalla (1960), Bruzzone (1965), Serra (1966), Larrosa (1971) y Brítez (1975)- se inscriben, como veremos, en una rica tradición. Forman parte, de manera más o menos directa, del más influyente de los movimientos artísticos del siglo XX concebidos en y desde América del Sur. Son abstractos en toda la dimensión que a esa noción le dio el Universalismo Constructivo, movimiento impulsado por Joaquín Torres García hacia 1934, una vez que se radica definitivamente en Montevideo, luego de 43 años de trayectoria en las primeras filas de las vanguardias europeas y estadounidense.

 

Bruzzone


Cuando, para esta presentación, apelamos a insertar a estos creadores en la tradición de dicho movimiento, no lo hacemos basándonos únicamente en el grado de apego que sus obras pudieran tener con aquel movimiento, desde el punto de vista formal. Hay algo más. Torres García era, además de un enorme artista, un humanista. Su obra pictórica, así como su proyecto teórico se preocupaban por rescatar lo que él llamaba los “valores superiores”. El arte -decía- debía estar concebido y realizado para cumplir un verdadero fin humanista. En este sentido, Mancebo, Batalla, Bruzzone, Serra, Larrosa y Brítez están fuertemente aferrados a estos valores. Son artistas comprometidos con el arte y con su tiempo histórico. El ser y el hacer son, en ellos, dos estados indisociables. Desde esta perspectiva, la construcción desborda el plano del cuadro y aspira a una totalidad.

 

Serra


La multiplicidad de estilos, así como generacional, de los creadores que componen esta muestra -quienes en su diversidad reconocen una raíz común en la tradición de la Escuela del Sur- es un claro ejemplo de aquella filosofía pedagógica y de la preocupación por la construcción de un legado artístico.
Si la Escuela del Sur, como decíamos, aún mantiene vivo el legado de la tradición del arte abstracto en Uruguay es gracias a la vocación de diálogo que en su momento Torres García y sus discípulos mantuvieron con (y contra) su tiempo histórico. Años más tarde, la deriva postmoderna no logró des-nortear a los actuales creadores. Los representantes de esta tradición que hoy integran esta muestra representan el mejor ejemplo de esa línea.

Como vemos, estos se aferraron al lienzo, al óleo, a la madera, al hierro y a nuevos materiales; en otras palabras, a lo concreto, en una toma de posición implícitamente política frente al hecho plástico en el mundo contemporáneo, en un acto de rebeldía (quizá el último) frente a la inminente y anunciada muerte del arte. Aquellos -y estos- discípulos no se conformaron con imitar a su maestro. No se limitaron a copiar más o menos libremente su pintura. Se inspiraron en aquella concepción, en aquella Idea, para proponer nuevas interpretaciones y nuevos caminos que, contra viento y marea, siempre llevan al sur.

Larrosa

En esta exposición, los artistas nos presentan un cuerpo de obra donde cada uno expresa su voz en el contexto pictórico-escultórico de Torres, unidos bajo un denominador común: “la estructura geométrica”.

Mancebo ingresó al Taller Torres García siendo niño. Allí conoció a Torres personalmente y presenció sus enseñanzas. Vivió en Suecia, donde continuó su trayectoria artística y docente. En su obra mantiene la tradición pictórica del maestro, construyendo un mundo simbólico de puertos y mares en los que navegan signos e ideogramas pintados en una paleta sutil, plena de luminosidad.

Serra, dentro de una pintura gestual de grandes superficies monocromáticas, descubre líneas, colores, símbolos y planos que irrumpen en el terreno pictórico. Estas intervenciones encriptadas componen una estructura geométrica que aparece y desaparece con el continuo vaivén de la pincelada. Brítez, con sus estructuras que recortan la plancha de hierro, transforma la solidez del material en estructuras lúdicas y dinámicas en las que la levedad del vacío irrumpe en la obra, que se identifica con el arte Madí, un movimiento artístico que abreva en parte en la idea constructiva torresgarciana.

Bruzzone, con su trabajo en madera, utiliza un recurso característico de Torres García: la bidimensionalidad de la escultura. En sus obras, la máscara trasciende el relieve conectando directamente con la magia del tótem, donde es imposible sustraerse de los simbólico.
En Larrosa, la abstracción lo lleva a trabajar distintos medios, no sólo pintura de caballete sino también madera y metal. En su trabajo el símbolo genera estructura y viceversa. Esta relación entre espacio y línea se transforma en su caligrafía, que remite a trazos arcaicos fieles al plan ortogonal.

Batalla, volviendo a los materiales encontrados e intervenidos que Torres utilizaba, gesta una obra donde elementos reciclados se desprenden del plano y componen un lenguaje simbólico. Los objetos cotidianos se transforman en ideogramas que invitan al espectador a una interpretación conceptual.

Anna Rank

(artista visual, docente, investigadora y curadora. Discípula de Julio Alpuy y Antonio Pezzino. Graduada en Maestría de Bellas Artes en Parsons School of Design, Nueva York)

Brítez

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