Monocromos

Monocromos

Museo Torres García

Peatonal Sarandí 683
Ciudad Vieja
Montevideo

Monocromos, una exposición de obras de los artistas Federico Méndez y Gustavo Serra. Se inauguró el 10 de mayo de 2017, en el marco de las actividades de la 5ta Edición de Montevideo + Museos, en conmemoración del Día Internacional de los Museos celebrado el 18 de mayo. La premisa del Consejo Internacional de Museos (ICOM) para este año fue “Decir lo indecible en los museos.”

 



"¿Qué sería eso de lo que no se puede hablar? No se puede hablar de lo que no puede ser dicho porque es factualmente indecible;
es lo que no cabe en el lenguaje -no se puede atrapar con el lenguaje de hablar- que suele ser también el lenguaje de pensar. Pero, ¿y el lenguaje de ver? . Hay una forma silenciosa de lenguaje que a veces habita en los museos.





Gustavo Serra y Federico Méndez
son pintores –y a veces escultores- que nacen de la raíz del Taller Torres García y se nutren
de esa rica tradición sin quedarse en las formas establecidas. Construyen desde la pura visualidad, y a quien les pregunte le dirán que el tema de la obra es solamente un pretexto para hacer pintura, para construir desde las formas, los tonos las líneas o los volúmenes. Un cuadro o una escultura será fundamentalmente un hecho plástico, algo que comunica, desde el ver y en silencio, lo que de otra forma no puede ser dicho".


Alejandro Díaz
Director
Museo Torres García

 


Monocromos

Pintura -Realidad- Apariencia
Alejandro Díaz
Co-curador de la exposición
Director del Museo Torres García

La pintura directa y salvaje que realizan Gustavo y Federico parece llevar hasta sus últimas consecuencias algo de lo que proponía Torres García con aquello de Lo aparente y Lo concreto en el arte, esa idea-fuerza que da título a la publicación de un ciclo de conferencias brindado por Torres sobre el final de su vida. En ese último tramo de sus conferencias Torres García ya no espera formar al público en general, como lo venía haciendo desde su retorno a Uruguay en 1934, si no que se dirige fundamentalmente a los integrantes del Taller; pintores o pintores en ciernes y otros pocos seriamente interesados por las cuestiones del arte.

 

 
Esos escritos de Torres García son pues parte activa de una
enseñanza que comienza y termina en el Taller -en el hacer- y corresponden a “lecciones” dadas verbalmente. Quién los vivió en su tiempo echa de menos la magia de la oralidad, del maestro en la semi penumbra hablando a su discípulos, del viejo artista que por la palabra intentando de una y mil maneras despertar en ellos algo de esa luz que hace que no sea ni de día ni de noche, pues el magisterio de Torres García fue una difícil mezcla de oficio y de sabiduría, de reglas y de libertad basada en la intuición.

 


La idea de Lo aparente y Lo concreto responde a la necesidad de aclarar una falsa oposición, y al mismo tiempo utilizarla
pedagógicamente. Lo Aparente es lo que creemos ver cuando vemos un cuadro figurativo; la casa, el paisaje, la manzana. Lo Concreto es lo que realmente estamos viendo; trazos, pinceladas, colores, formas. Esta distinción tan simple y didáctica fue enunciada más o menos hace setenta años por el maestro de Arte Moderno que tuvo el Uruguay, y debería formar parte de la currícula de enseñanza de artes visuales de cualquier nivel entre la segunda mitad de la escuela primaria y los estudios universitarios. En el planteo de Torres García no hay oposición entre lo aparente y lo concreto; un cuadro puede ser
figurativo pero estar bien construido desde los elementos plásticos que lo forman (lo concreto).


Ahora, en la obra de Gustavo y Federico ¿Qué es lo aparente? ¿Qué representan, que nos quieren significar estos cuadros,
estas esculturas? Se puede hablar de las verticales y horizontales y ciertas convenciones que vienen de la tradición de la pintura del Taller Torres García. Y de un personal y bastante restringido repertorio de grafismos nacido en la tradición personal de cada uno de los pintores. Pero sobre todo los cuadros hablan de pintura, y si la pintura fuese persona difícilmente podría hacerse más presente y que en este caso lo aparente y lo concreto buscan ser la misma cosa; la pincelada, el trazo
aúllan, gritan de sí mismas sin dejar de ser eso, pintura, hecho plástico.





Acá es imposible no ver la pintura-materia o no ver la pintura pincelada, y se nos plantea una pregunta; ¿dónde está el
límite? ¿Hay un límite entre el brochazo brutal con el que se pinta un poste a desgano o se limpia un pincel, y ese trazo violento que aparece en estas telas? ¿Y por qué ese límite? ¿Debería existir?

 


Estas obras parecen decir que no, y a su manera
amplían el concepto de abstracción hacia el ámbito de la pintura que no quiere ser geometría pura ni ser chorretes de color; pintura de pincel y de pincelada que todavía podría ser figurativa si quisiera pero que opta por representarse a sí misma, una pintura que busca su límite (el de hoy) sin dejar de querer ser pintura.

 

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