Inconclusa

LUis Alonso
LUis Alonso

Inconclusa

Luis Alonso

Museo Nacional de Artes Visuales

 

El lugar, el momento, la luz, los colores y quien dispara su cámara son los responsables de registrar una imagen. El fotógrafo, al captar una foto está contando, demostrando que estuvo en el lugar, sus ojos desde la lente son testigos de esas historias que en este caso Luis Alonso ofrece en su muestra. Calles de la ciudad por la noche, Frutillar, al Sur de Chile, un incendio, un accidente en la rambla, cajones y antiguos camiones en el Mercado Modelo, fábricas y locales abandonados son las variadas escenas. Objetos que son parte de su vida y profesión; Luis guarda con afecto cámaras antiguas, un casillero de madera de la bebida Crush entre otros materiales que se exhiben en vitrinas sobre uno de los pasillos que rodea el primer piso del Museo. Una gigantografía que ocupa toda una pared indica el comienzo del recorrido de Inconclusa. Uno de los sectores pintado de azul oscuro nos introduce en La Noche con fotos realizadas entre 1996 y 1999. Un degradé con pinceladas realizado por Elisa Ríos nos traslada a una pared clara para observar impresiones en blanco y negro; El principio, El Estado del Tiempo y Tiempo (Montevideo 2010) forman parte de una propuesta que fue pensada y elaborada teniendo en cuenta los más mínimos detalles.

 

El curador de la muestra es Gabriel García Martínez, fotógrafo del Centro de Fotografía (CdF) y docente del Foto Club Uruguayo en el área digital. En los últimos años se ha dedicado a la investigación, estudio de la gestión de color y perfiles, y a lo referente a la digitalización de imágenes. Para la muestra se realizó una maqueta, lo que demuestra el rigor con que encararon la tarea estos dos profesionales de la fotografía, que planificaron y pensaron cada paso a dar. Las impresiones fueron realizadas por Darío Invernizzi, Invernizzi Fine Art Printing. Cuatro días antes de la inauguración ingresaron a la sala para comenzar los trabajos de montaje Nicolas Infanzon, Gustavo, Gabriel García, Néstor Fernando Pereira y Luis Alonso.

Un día antes estaba todo casi pronto, se realizaron ajustes de iluminación y sobre las 17 horas Inconclusa estaba lista para ser inaugurada al día siguiente. El catálogo fue diseñado por Ramiro Ozer Ami y fue impreso en Imprimex. Es una muestra para disfrutar, viajar por el tiempo y contemplar la obra de un artista serio, detallista, con buen gusto, técnica, un profesional, oficio que desarrolla en forma independiente dirigiendo su propio estudio, tarea nada fácil en estos tiempos. Una muestra disfrutable también para quienes no son entendidos en la materia, pero saben mirar y se dejan llevar por Inconclusa. Que permite ver y descubrir El Viaje en una Montevdeo de 1993. Contrastes, el clima de los colores, una obra amplia, perfecta, que además tiene la virtud de ser popular. Es de destacar la importancia que tiene para un artista - fotógrafo como Luis Alonso, que el Museo Nacional de Artes Visuales le abra sus puertas.

 

aldo novick

 

 



No se le daba el fútbol. Era más bien torpe, no la
descosía. Y eso es algo que apenas puede tolerar: no ser el mejor, no estar entre los elegidos. A los 16 años se enteró de que existía la fotografía, se metió en el Foto Club y no paró nunca más. Empezó a sacar buenas fotos desde el principio y se dio cuenta de que su destino iba por ahí. Se aplicó en ese camino con su carácter obsesivo, hiperactivo, avasallante.

Busca llevar a la perfección todo lo que le interesa. Ha interrogado la materia fotográfica en una gran variedad de formatos y soportes, en el mundo analógico y el digital: investiga todas las posibilidades hasta llevarlas a donde necesita. Su manera de abordar el asunto fotográfico es su manera de abordar la vida: cayendo en pica-
da desde un vuelo alto para apresar el momento.

Alonso no pide permiso, no se abre paso con una sonrisa. Alonso domina la escena, en el instante fugaz o en el laborioso estudio. Siempre vivió de la fotografía. Es un profesional desde hace 26 años. Trabajó en prensa diaria, en revistas y en publicidad. Su obra artistíca tiene que ver con sus diferentes etapas profesionales, en una evolución hacia un universo cada vez más controlado.

Solo le interesa la mejor fotografía posible. Para él es esencial la luz que pasa a través del lente. No lo que él piense y sienta, sino la intuición de que ésa es la foto, de que ese momento vale. Su deber es plasmar ese fragmento de realidad, lograr que se luzca en todo su esplendor. De ahí su obsesión por cada detalle técnico, desde la toma hasta la copia final. Alonso entiende la obligación de exponer bien, de revelar bien y de copiar bien. Entiende la importancia de la óptica. Entiende todo el trabajo que implica hacer una buena foto. Y se lo toma con toda la seriedad del mundo.


De perfil - Gabriel García Martínez
curador de la exposición

 

de martes a domingos de 14 a 19 horas.
Museo Nacional de Artes Visuales
Tomás Giribaldo 2283
Esq. Julio Herrera y Reissig
Montevideo
hasta el domingo 7 de mayo de 2017

 

 

 

Inconclusa es el título de la primera exposición individual de Luis Alonso en el Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV), ya que participó en forma colectiva en el museo en el 49º Salón Nacional de Artes Plásticas (2001) y en el 50º Saló Nacional de Artes Visuales (2002), en lo que obtuvo menciones y más recientemente, en el Salón 70 Aniversario del Foto Club Uruguayo (2010).
Alonso es un fotógrafo en plena actividad y su obra sigue desarrollándose en la actualidad, por l que no podríamos hablar de un carácter de muestra antológica respecto a las series que exhibe en Inconclusa: “El principio 1989-1993”, “El viaje, Montevideo 1993”, “La noche, Montevideo 1996-1999)”, “El estado del tiempo 2000-2002” y “Tiempo, Montevideo 2010”; pero sí de un trabajo esencial en su producción.
Inconclusa tiene como denominador común la práctica de un hacer fotográfico personalísimo, que pone de relieve el tiempo, más precisamente, la acción del tiempo sobre las cosas. Acción que puede volverse recuerdo o permanecer siendo ausencia, no de sentido, sino de historias que alguna vez fueron vida vivida y de sus respectivos protagonistas. Ya sean objetos, desplazamientos en la ciudad, nocturnidades varias o escenarios devastados. El registro de lo cotidiano en su dimensión poética, aquella que nos interpela.
Destaco especialmente el profesionalismo de Luis Alonso y su compromiso al abordar este proyecto desde el principio; la inteligencia en las decisiones curatoriales que surgen del conocimiento profundo de la obra de Alonso por parte de su curador, Gabriel García Martínez, la contribución de Alicia Haber al resaltar características singulares de la obra de un artista que nos desafía a mirar más y mejor, y el cuidado en el diseño de esta publicación a cargo de Ramiro Ozer Ami. Son todos ellos los verdaderos responsables de llevar adelante un trabajo en equipo llamado Inconclusa.

Enrique Aguerre
Director del MNAV

 




Redención de la memoria

Alicia Haber


Fábricas abandonadas, objetos hallados en un altillo, lugares descuidados, piezas en desuso encontradas al azar en la Feria de Tristán Narvaja, juguetes, diversos artículos, enseres y efectos de la vida cotidiana ya desechados son imanes poderosos para la lente de Luis Alonso. Algunos de los sitios registrados por Alonso fueron importantes lugares de recreación, como el Hipódromo de Maroñas (antes de su reciclaje y revitalización), y, a la vez, también fueron fuente de trabajo. Otros fueron centros productivos de gran importancia, como Cristalerías del Uruguay. Entre ellos, están los que exhiben la opulencia castigada de la arquitectura ecléctico-historicista en sus imponentes ruinas que glosan la arquitectura grecorromana; toda una ironía sobre el estado de las cosas (Banco Inglés).


En otra importante serie, Alonso demuestra su empática vinculación con objetos obsoletos, en desuso y maltratados por el descuido. Son tomas preñadas de emotividad, pues denotan una cercanía enternecedora demostrada, entre otras cosas, por el close up. Alonso posee una importante potencia expresiva. Muestra ángulos de visión personales que subrayan los significados de una escena o un objeto, y resaltan sus dotes artísticas. En una escena de abandono, atrapa la lámina de Lavalleja, quien parece mirar atónito, desde su postura heroica, este desatino contemporáneo. Compone la foto en regla áurea y en dos planos; el de atrás subraya el poder de la luz y tiene cualidades abstractas que se contraponen al caos del primer plano. Vacío, el sillón manifiesta su triste soledad.


Hierros retorcidos de un instrumento útil que sugieren sufrimiento; una silla volcada en medio de un sitio desierto rodeado de una arquitectura solitaria invadida por plantas, y tubos de teléfonos que reclaman voces son algunas de las dramáticas imágenes creadas por Alonso. Decide qué mostrar de la realidad encontrada para fotografiar. Crea una interpretación propia que supera los registros documentales. Vuelca en sus fotografías elementos subjetivos y personales, y deja amplio margen para la interacción con los receptores. De manera elocuente capta, en forma idiosincrática y creativa, realidades y objetos que develan muchas situaciones de abandono.

Sus fotografías estimulan lecturas disímiles de los espectadores. Tienen un aura misteriosa. No se puede develar todo sobre esos escenarios y esos objetos que ya no son familiares. Poseen una otredad y una cualidad de extraños. Aunque dicen mucho, en cierta manera estas fotografías mantienen ciertas áreas connotativas fuera de nuestro alcance. Es contundente el mensaje de Alonso sobre el paso del tiempo, trasmitido con dramatismo tanto en las tomas de contrastes agudos entre blancos y negros como en las fotos en color.


El estado del tiempo

Solo quedan ruinas. Espacios que otrora fueron centro de una actividad intensa, lugares que en el pasado reciente testimoniaron una productividad exitosa y escenarios de trabajo colectivo han quedado como depósitos de detritus (Hipódromo de Maroñas, Montevideo; Cristalerías del Uruguay S. A., Montevideo; Saint Hnos, Montevideo). Cuando Alonso los descubre y registra, todo está derruido; los objetos diseñados para el trabajo están deshechos, deteriorados y tirados; hay fragmentos por todos lados.


El abandono reina. Y esta es la realidad que atrapa la sensible e inteligente lente de Alonso en sus tomas en blanco y negro que se expusieron en la Galería del Instituto Goethe, en la muestra El estado del tiempo.
Se apoderó la soledad, impera el desamparo y gobierna el desorden. Quedan los despojos de los casilleros, donde alguna vez operarios industriosos dejaban sus pertenencias para ir a trabajar. Restan maquinarias que otrora fueron útiles. Los tubos de los teléfonos están descolgados y tirados; los disquetes, dispersos; las persianas, descompuestas y los monitores, tumbados. Las paredes descascaradas son el testigo mudo de tanta parálisis productiva. Impresiona el detritus y el caos. Devastados, desmoronados, desplomados, los objetos yacen inertes.


Parecería que los lugares hubieran sido abandonados de prisa, como si hubiera habido un huracán, como si hubieran sido arremetidos por una embestida sorpresiva. Parecería que todos hubieran largado de golpe su trabajo y hubieran huido ante el desastre, precipitándose hacia una probable salvación. Hubo una crisis en cada uno de esos lugares que llevó a su cierre. Pero nada fue intempestivo. Mirando las fotografías, queda claro todo lo que está detenido, todo lo que se arruinó, el devenir terrible de todas las industrias que fueron exitosas y quebraron, estuvieron en concordato, o cuyos dueños decidieron cerrar.


No hay ningún ser humano en esas tomas: los espacios están desamparados. La ausencia de seres humanos trabajando habla de deserciones, de migraciones, de sangrías, de uruguayos que se fueron, porque ya no tenían donde trabajar. Estas fotografías están asociadas a la crisis económica que afectó al Uruguay entre los años 1999 y 2002. Hubo muchos sectores que sufrieron, pero la industria manufacturera fue particularmente dañada y la clase trabajadora, muy azotada. Lo extraño y perturbador que develan las tomas de Alonso en esos lugares otrora exitosos y durante un tiempo abandonados es que nadie se preocupó por juntar y ordenar lo que quedó dentro de esos espacios, donde fueron muriendo muebles, maderas, ficheros, archivos, vidrios y diversos testimonios que pudieran haber sido útiles, que pudieran haber sido reciclados Aflora la dejadez, una característica que Alonso asocia con un dañino «no me importa». Las escenas reflejan desidia absoluta.


Nadie se ocupó de preservar esos lugares como arqueología industrial o memoria del pasado. Es todo un indicio de una mentalidad. Nadie cuidó los lugares. Es otro apunte sobre la sociedad y el contexto. Nadie se dedicó, durante mucho tiempo, por lo menos a limpiar y ordenar, revelando la indiferencia de una sociedad y de un país, las singularidades de una idiosincrasia, el estado de este tiempo inclemente.

 





Ruinas contemporáneas

En el clima intelectual actual se otorga importancia al «retorno de los objetos» y a las «ruinas» de la vida actual, al vivir en un mundo de obsolescencia programada. La velocidad de los cambios, el futuro incierto y la necesidad de recuperar el pasado otorgan nuevos valores a las ruinas contemporáneas. La fotografía y la arqueología se acercan al pasado contemporáneo, buscando significados en la negligencia de un pasado muy próximo en el tiempo. Se vive en un contexto en el que existen las ruinas contemporáneas. Al prestarles atención, se establece un vínculo con el pasado, el presente y el futuro, porque se piensa sobre esa realidad distópica, mientras se apunta al enorme desperdicio y naufragio creado por la economía y mentalidad actuales. También se puede especular con pensamiento positivo en un futuro posible para esos lugares.


En ese contexto, lo abandonado, los objetos deteriorados y las cosas que ya no se usan y han quedado olvidadas adquieren otro valor. Hoy existe lo que se ha dado en llamar contemporary Ruinenlust, un «amor contemporáneo por las ruinas»; término resucitado por Rose Macaulay, en 1953 (Pleasure of ruins). Cuando se encuentra placer en la fotografía de Alonso de los estados ruinosos de la contemporaneidad es porque la desolación y la decadencia tienen una cierta belleza que la originalidad y sabiduría de su lente saben subrayar.
Al mirarlas, surgen varias lecturas. Se siente la sensación de fin; el olvido prima. La frustración ante el descuido también abre heridas ante testimonios de fracaso y lentitud de respuesta en la conservación. La melancolía es intensa.


También son un testimonio subjetivo, creativo, original y tangible del paso del tiempo y de la inevitabilidad del deterioro simbolizando lo transitorio de la vida. Llevan marcadas las cicatrices del paso del tiempo.
Las fotografías de Alonso son más ambiguas y polivalentes de lo que parecen a primera vista. El tiempo de esas ruinas y objetos abandonados no terminó aún; lo prorroga la fotografía. No pertenecen a un tiempo muerto, sino a un contexto dinámico y en evolución. Alonso le otorga una nueva vida a los lugares y los objetos abandonados.


Las tomas siguen siendo válidas a pesar de los cambios, de la mejora del Uruguay, del auge económico de la última década, de la recuperación, del restablecimiento y renovación de algunos lugares, como el Hipódromo de Maroñas. Son válidas no solo por su excelencia fotográfica, sino porque sugieren otras lecturas posibles.
Porque el descuido no fue solo durante la crisis económica. Hay un abandono patrimonial en el Uruguay anterior y posterior; una negligencia actual. Hay resquebrajamientos evidentes y señales de deterioro de muchos edificios de valor histórico, de esculturas, de obras de arte. Están en crisis el Parque de Esculturas del ex Edificio Libertad, varios inmuebles valiosos y sobre todo la Estación Central General Artigas, un bello edificio más que centenario creado por el Ing. Luigi Andreoni, de gran valor arquitectónico y patrimonial, que se corroe ante nuestros ojos, sobre todo desde el año 2003.


Mientras tanto, no solo no se cuida a lo que envejece y puede ser dignamente recuperado, sino que se destruye lo valioso, como sucedió con las construcciones de valor patrimonial: las casas gemelas de Román Fresnedo Siri, ubicadas en la calle Ponce casi Palmar; el edificio Assimakos y la casa Crespi, para citar algunos ejemplos. Estos hechos son evidencia del desamparo cultural y del cercenamiento de valores patrimoniales. Casas emblemáticas fueron derrumbadas en estos últimos años. Aquí se conserva mal y se innova poco.

 




Tiempo

La fotografía de Luis Alonso tiene ecos de la estética japonesa wabi-sabi, lo haya planteado o no en forma consciente. Wabi-sabi subraya la importancia de los objetos que muestran transitoriedad, fragilidad y deterioro. Valora los objetos que evocan la evanescencia de la vida y lo efímero. El wabi-sabi aprecia en el arte lo modesto, lo rústico, lo imperfecto, lo decadente, y lo que sugiere melancolía.


En la serie Tiempo, expuesta en la Sala Carlos Federico Sáez, en 2012, el artista se dedicó a los objetos abandonados que están en vías de desaparición, plasmándolos en fotografías color. Esos objetos sufrieron procesos de erosión, se cubrieron de polvo y estuvieron en vías de arruinarse. Alonso los transforma en motivo central de esta serie, y exalta y amplía un detalle de un objeto decrépito hasta el grado de monumentalidad descomunal. En algunos casos, se acerca mediante close ups a objetos con los que tiene particular afinidad, y capta la acción del tiempo con evocación emocional. La decadencia hipertrofiada adquiere otro valor en esa inmensidad visual, mostrada a todo color y con refinamiento visual.


Con su lente, el fotógrafo deja en evidencia las marcas, los rastros, los surcos, las erosiones que el tiempo ha dejado sobre sus superficies. El tamaño monumental permite penetrar en los objetos y descubrir valores matéricos, texturas acentuadas por juegos de luces y sombras. La evocación de lo táctil se acentúa. Alonso ensalza el fragmento. Alonso demuestra un apego por tiempos pasados en esta era vertiginosa en la que impera lo efímero. Hay una carga emotiva detrás de cada toma.


Historia, tiempo y memoria quedan a la vista. Esos objetos guardan historias y están cargados de vivencias de otrora. Son depósitos de reminiscencias. El fotógrafo, sensible a sus connotaciones, rescata el reloj de un amigo cercano, una muñeca dejada de lado, un juguete que en una época deleitó a un niño y yace abandonado en un rincón o en una feria, un carro de bomberos de juguete muy antiguo, en mal estado, erosionado y herrumbrado que tuvo un pasado brillante y alegre en manos infantiles y tal vez adultas. Un billete deteriorado del Uruguay con una lupa para poder descubrir las trazas de ese pasado en el que fue útil también cautiva a su lente. Una receta de cocina, ya casi borrosa, de una madre; un cajón de Crush de apenas ayer; viejos lentes; una batería de un Ford T, que recuerda la época en que eran el medio de transporte favorito, son otros de sus temas.


Todos ellos evidencian la mirada del deseo, la evocación del pasado, los recuerdos y la memoria. Están solos, testimonio del abandono. Pero Alonso los reintegra a la vida, revelando su apego a ese ayer tan cercano y su voluntad de redimirlos en forma artística. Con la fotografía resiste a la ineludible muerte y, si bien demuestra el inevitable paso del tiempo, también se subleva ante él. Sus fotos son actos de reminiscencia, de rescate del desamparo, redención de la memoria, salvación de la orfandad, y amparo ante el desabrigo. El artista así recupera lo deteriorado, lo transforma en perdurable, le otorga una vida persistente y un futuro en el mundo del arte.

 



bio

Luis Alonso


Nace en Montevideo en 1969. A los 16 ingresa al Foto Club Uruguayo y desde entonces desarrolla una actividad artística ininterumpida. Su fotografía obtuvo el primer premio en el Concurso del Patrimonio 2002 y Mención de Honor en el Salón Nacional de Artes Plásticas, en los años 2001 y 2002. Participó en una veintena de muestras colectivas, en Uruguay y en el exterior. Entre ellas se destaca Una mirada desde el sur, en Nueva York, y la exposición central del Primer Encuentro Internacional de Fotografía de Montevideo en el Subte Municipal (1999).

 


Realizó cuatro muestras personales en Montevideo: El Viaje (1994) en Galeria del Notariado, El Estado del Tiempo (2002) en el Instituto Goethe de Montevideo, Tiempo (2012) en Sala F. Sáez, del Ministerio de Transporte y Obras Públicas e Inconclusa (2017) en el Museo Nacional de Artes Visuales.




Tiene un libro publicado, El alma del parque (2012). Se desempeñó como reportero gráfico y editor de fotografía en varios periódicos, El País, El Observador, La República, El Día y la agencia Associated Press. En la actualidad dirige su propio estudio de fotografía y es docente en la Universidad de Montevideo.



 

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