Arte y Tiempo - Teresa Vila

Ignorada con soberbia intelectual imperdonable
Arte y Tiempo - Teresa Vila

Arte y Tiempo - Teresa Vila

Museo Blanes
Sala María Freire


La pobre difusión sobre exposiciones en algunos museos y teatros municipales se ha convertido en una virtud de sus responsables. Apenas una invitación con el título de la Muestra, nombre del artista, fecha y dirección. Nada más. Luego llega un archivo con escasas 162 palabras, que intenta describir una vida “ignorada con soberbia intelectual imperdonable”.

El mínimo esfuerzo posible parece ser el trabajo del Departamento de Difusión, enviar por e mail el diseño gráfico con la invitación y una escueta reseña del artista. No es algo nuevo; basta recordar que en marzo 2016 Pilar García comentó: “Me parece que hay aspectos culturales, fundamentalmente plásticos, que tienen muy mala difusión..." Haciendo referencia a la muestra Un sueño realizado, en el Teatro Solís, sobre obras de Teresa Vila, Nelbia Romero, Pilar González, Zully Lara, Cecilia Vignolo, Bettina Díaz Piedrabuena, Elián Stolarsky, con Curaduría de Adriana Gallo. Agregando Pilar: “Me interesa el tema pero me entero por ustedes”, haciendo referencia a una nota de Rosario Castellanos – En Perspectiva. “En lo personal, pese a que recibo información del Teatro Solis ni idea de algo que no me voy a perder. Gracias a Uds.” En nuestro caso –tranvias.uy– no recibimos información del Teatro Solís, a pesar de habernos comunicado telefónicamente con su responsable, Yamandú Lasa. No responder es otra virtud de algunos funcionarios municipales. A no ser que el tema sea otro?

 

 

Autorretrato, Circa 1955, Tinta y aguada sobre papel 54.5 x 38,4 cms.



Los responsables de museos y teatros al difundir una actividad cultural deberían desarrollar un informe lo más completo posible para enviar a los medios de comunicación, y que motive a concurrir a la mayor cantidad de público posible. Pero para eso hay que dedicar tiempo de trabajo. La misma información que está impresa en paredes de la sala sería de utilidad para el medio y el lector.  Quienes cobran un salario por esta función en -algunos- cargos públicos, omiten su rol, haciendo lo mínimo imprescindible. ¿Cuánto tiempo les puede llevar enviar un archivo con una invitación y cuatro líneas? El resto de los días ¿qué hacen? El mínimo trabajo podría interpretarse como mínina capacidad para desempeñar su cargo y una falta de respeto a los artistas. Para difundir no basta con limitarse a los grupos de amigos del museo o teatro, a las redes y a un circuito que se hace cada vada vez menos concurrido y clasista. Sobre la muestra: algunas de las obras de Teresa Vila, desprolijamente presentadas, colgadas con ganchos de metal -de los que se utilizan para apretar hojas-, las obras no cuentan con un marco, base de madera, carton espuma o similar que mantega la obra firme, para que no se doble. El Museo está ubicado en la avenida Millán, en la zona del Prado. Una hermosa casona, con escaso mantenimiento, amplias salas. Un lindo entorno donde los verdes te invitan a caminar y descubrir en la parte trasera de la casa un hermoso Jardín Japonés, cuidado y presentado como merece un lugar tan especial, del cual informaremos en otra nota.


Para ofrecerles un detalle sobre la vida y obra de Teresa Vila recurrimos a una nota publicada por Nelson Di Maggio. Crítico de arte, curador, docente y escritor, nacido en San José de Mayo en 1928. Desde 1953 ha ejercido la crítica de arte en diarios y semanarios de Montevideo, ciudad en la que reside. Las páginas de Marcha, Brecha, Acción, Alternativa Socialista y otros, publicaron sus críticas, siendo La República el diario que convirtió su página de crítica de arte de los lunes en un clásico, entre los años 1988 y 2013.


Sobre Teresa Vila, de Nelson Di Maggio


Montevideana de 1931, perteneció a la brillante generación del sesenta que se había insinuado en la segunda mitad de la década anterior. Como la mayoría de sus compañeros, estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes al lado de Norberto Berdía (pintura) y Adolfo Pastor (grabado) para luego continuar con el gaúcho Iberé Camargo. Se familiarizó con el arte actual en las visitas regulares a las bienales de San Pablo como más adelante recogería la influencia del porteño Instituto Di Tella.

Debutó en 1955 junto a cuatro egresadas de la ENBA en 1955, dejando firme su talento veinteañero, confirmado en la pequeña individual del 57 en Club de Teatro y en las siguientes de 1961 en Amigos del Arte y en 1964 en el Instituto General Electric, la más reveladora y a partir de la cual se incorporó a la historia del arte nacional. Mientras tanto, ya casada con Carlos Carvalho, trabajó en bocetos y escenografías para piezas teatrales y de ópera y ballet (Sodre, Comedia Nacional, Teatro Independiente) entre 1958 y 1960.

Esta experiencia por variados escenarios y su discordancia con los directores que la impulsaban a escribir sus propios textos en razón de las audaces ideas que ponía en circulación, la conducirían a elaborar los primeros happenings por un artista uruguayo. Antes, recorrió la abstracción y la semifiguración con una irradiante energía en el trazo dramático que se enroscaba y desenroscaba en trazos circulares que se convertían en manchas surcadas por alguna nota de color rojo, en metáforas de una inquietante realidad que capturaba la conflictiva, galopante transformación social en la cual los estudiantes, junto con los trabajadores, adquirirían un protagonismo de inusual incidencia política y mediática. Tiempos tormentosos se aproximaban.

En 1964 Teresa Vila intentó una experiencia grupal, interdisciplinaria, que no resultó. El ambiente todavía no estaba preparado para ello, emprendiendo un redimensionamiento ontológico, formal y estético del arte que la conducen a nuevas formas de expresión. Recordó que desde niña, su padre la llevaba a los museos históricos y le hablaba de las tradiciones, de la colección de monedas, de los símbolos patrios, despertándole un amor al terruño. Le pareció lógico trasmitir esa sensación a los demás. Dejó a un lado las exposiciones e investigó en museos y bibliotecas, en una apasionante búsqueda de documentación que le llevó un par de años.

 



Los happenings, que prefirió denominar “acciones con tema”, nacieron de la experiencia escénica para convertirlo en un acto litúrgico. En Galería U del edificio Ciudadela, el público la acompañaba en un ritual que salía al exterior y en el Colegio de los Vascos, repartía paquetitos con textos para ser leídos. De ahí pasó a su obra mayor, Las veredas de la Patria Chica, de ese mundo nuevo que empezó a forjar el artiguismo ayer. El largo título se plegó con facilidad a las intenciones de la creadora a través de 30 dibujos en tela y papel (que luego pasaría a grabado en una carpeta de siete imágenes litografiadas) ejecutadas a la carbonilla y barra litográfica, inventando una imaginería auténticamente nacional, inseparable del contexto histórico y cultural del país.

Pues la metódica investigación que realizó, descubrió los espectáculos teatrales de Bartolomé Hidalgo, los “unipersonales”, de filiación hispánica, actos de exaltación patriótica, con intervención de los asistentes a la Casa de Comedias que contribuyó a sus acciones con tema. En las Veredas…, las baldosas grises de cemento acanaladas, rotas, heridas y manchadas, deterioradas por el tiempo y los hombres, que todavía tapizan las ciudades uruguayas (unas veces colocadas planas, otras en perspectiva) son transparentes en su significado: registran el deterioro de siempre, son las anchas veredas de hoy por las que transitaron las gestos memorables de ayer.

Por encima de ellas, de esas grietas visibles de los muros carcomidos, resplandecen, agitadas y victoriosas, escarapelas, lanzas, escudos y divisas patrióticas. La relación entre texto e imagen fluye con la evidencia de un silogismo, desde el pecho-cerro, fuerza nutricia de la rebelión, casi volcánico, que lanza y despliega con envolvente energía las consignas revolucionarias, para detenerse en algunos hechos significativos de la Historia: la abominable guerra de la Triple Alianza, el Sitio de Paysandú, el proceso federal rioplatense, las hazañas de Felipe Varela, el montonero catamarqueño, la insurgencia de Aparicio Saravia, así como deja registrado los nombres de traidores y perseguidores de Artigas (Elío, Bartolomé Mitre).

Pocas veces la sobriedad fue tan intensa en la historia del arte nacional, pocas veces la alianza entre escritura e imagen, consiguió una coherente lectura en una expresión inteligente, lúcida, reflexiva, realizada en el momento oportuno, cálidamente solidaria, demoledora de hipócritas mentiras colonialistas. En esa agitación de divisas, banderas floridas, soles que lloran la vergüenza de la guerra con el Paraguay, Teresa Vila junta los nombres de los revolucionarios de ayer y de hoy, de siempre, para unirlos en un solo haz de significaciones que vuelve a actualizarse en el globalizado siglo XXI. Esta formidable creadora se aisló a partir de 1974, luego de un frustrante viaje a México, ante la incomprensión de los poderosos y vivió sus últimos años con limitaciones económicas terribles, orgullosa en su desafío ante quienes aún hoy, la ignoran con soberbia intelectual imperdonable.


 

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