José D'Elía: Memorias de la esperanza

“Este libro, que retrata a un militante, también revela un país. Porque hombres como el Pepe D'Elía son los músculos secretos que dan a nuestro país su porfiada energía de dignidad” Eduardo Galeano
1º de Mayo 1984 - foto aldo novick
1º de Mayo 1984 - foto aldo novick

José D'Elía: Memorias de la esperanza

“Este libro no es la biografía oficial de José 'Pepe' D'Elía ni tampoco sus memorias. (...) Hemos realizado un reportaje ficticio en el que José D'Elía relata su vida a dos estudiantes. Si bien podríamos considerarlo una obra de ficción, se basa en personajes y en hechos reales que forman parte de nuestra historia, muchos de ellos desconocidos. Asimismo la reconstrucción de las distintas décadas en que se mueve el protagonista (1916-1964) es de extrema rigurosidad. (...) Este primer tomo comienza en la primera década del siglo y llega hasta mediados de 1964. Hechas estas salvedades este libro es un homenaje a una de las figuras más queridas y respetadas de Uruguay.

Jorge Chagas – Gustavo Trullen, mayo de 1996
autores del libro editado por Trilce

José “Pepe” D'Elía madrugó, igual que todos los días, y sin desayunar salió sigilosamente de su casa. Cargaba una pequeña caja y le pidió a Gabriel, el joven que le hacía de chofer, que lo pasara a buscar para llevarlo a la sede de la central obrera. Aquel era un día con nubes grises, Pepe D'Elía estaba nervioso, como pocas veces en su vida. Iba a una entrevista con dos jóvenes que no conocía muy bien. Pronto ingresarían a un mundo que hasta ahora había permanecido oculto, escondido como el más preciado de los tesoros: el mundo de sus recuerdos. Llegó, como lo preveía, antes de la hora fijada. (...) Dejó a un costado su bastón y abrió, con mucho cuidado, la caja que portaba. Estaba repleta de fotos, recortes de prensa (...), boletines y actas de los sindicatos (...) papeles sueltos y anotaciones diversas. “Caramba -pensó con asombro- ¿puede caber toda la trayectoria de un hombre en una caja?”

Desde hacía varios meses estos estudiantes querían escribir un libro sobre su militancia sindical y política. Una y otra vez, con amabilidad, se había negado. (...) De pronto recordó que una vez leyó sobre un gran personaje de la política latinoamericana, que siendo anciano buscaba con desesperación escribir el pasado a su manera. No como las cosas habían ocurrido realmente, sino como él quería que fueran recordadas. Imagino qué piensan. ¿Por qué finalmente acepté esta entrevista? Soy enemigo de las alharacas y mis labios hubiesen permanecido sellados para siempre sino fuera porque desde el día en que plantearon la idea de este libro empecé a tener extraños sueños... No hablaré de ellos. Solamente diré que soy consciente de que la clase obrera no lucha únicamente por sus reivindicaciones. También libra una batalla más sutil, todos los días del año, para no perder su identidad. Por eso los recuerdos guardados en mi memoria no me pertenecen en exclusividad. (...)
Me preocupa encontrar las palabras para describir las épocas que he vivido, los cambios que presencié, las personas que conocí. Cuando nací los zares todavía reinaban en Rusia, Europa se desangraba en una feroz guerra, y los uruguayos se aprestaban a concurrir a las urnas a decidir si aceptaban o no el Colegiado que proponía José Batlle y Ordóñez. Esto puede dar una idea de la distancia que nos separa de aquel ayer.

Cierro los ojos, y retorno al mundo que conocí en mi niñez. Es como si abriera una puerta al pasado y contemplara otra vez aquel tiempo lejano. Todo cobra vida. Veo mis pagos de Rocha con sus callejuelas angostas y adoquinadas por donde pasaban las jardineras que repartían la leche, puerta a puerta. (...) En realidad nací en el departamento olimareño, el 21 de junio de 1916. Mi nombre completo es José Artigas D'Elía Correa y lo de Artigas nunca lo digo ni me lo pongo porque me parece mucho nombre para tenerlo encima. No quiero que me pase lo que a algunos políticos, que le pusieron el nombre del padre y después no saben llevarlo. Al cumplir un mes, mis padres, a pesar de que había una creciente en el río Olimar, se trasladaron a Rocha que es mi patria de adopción. Ahí me bautizaron, y me divierte recordar que ir al Chuy era toda una odisea. No había rutas ni caminos. Estaban los arenales que difícilmente se atravesaban en auto. (...) Los lugareños usaban la diligencia, que era conducida por un baqueano capaz de andar por la zona con los ojos vendados (...). Además, el ferrocarril todavía no llegaba a Rocha, así que no existía mucha comunicación con Montevideo. Las noticias más importantes, como la inauguración del Palacio Legislativo o la llegada del “Plus Ultra”, venían generalmente a través del “hilo eléctrico”. Para ir a la capital había que trasladarse en automóvil hasta San Carlos y recién allí tomar el tren. (...)

foto aldo novick


Éramos diez hermanos. Seis varones y cuatro mujeres. (...) Mi padre, Germán D'Elía, era militar. Había peleado en la guerra de 1904 cuando Batlle y Ordóñez derrotó a Aparicio Saravia. Hablaba poco de eso. “Nada peor que corra sangre entre hermanos”, solía decir. Y por cierto, estaba el fútbol. ¡El fútbol! Uruguay había logrado el título olímpico por primera vez, en Colombes, en el año 1924 cuando yo tenía ocho años. De pronto un sonido atronador rompió aquella extraña calma... era el silbato del tren. Fue un anuncio. Sentí miedo y regresé a casa. Mamá estaba parada en el umbral y antes que pudiese comentarle algo, me dijo con un tono que me pareció grave:

-Nos mudamos a Montevideo.
Quedé atónito. (...)
-¿...a Montevideo? (...)
-Sí, José -me respondió ella calmadamente, pero con firmeza-. Y hay que preparar las valijas lo más rápido posible. Cuando más tarda uno en irse de la querencia, más nudos le hace a su corazón.

La capital me encandiló y apabulló al mismo tiempo. (...) Las calles eran cubiertas con pavimento liso que reemplazaba a los adoquines y al empedrado de cuña. (...) El Palacio Salvo fue un paradigma. Era el primer rascacielos uruguayos. (...) La capital que yo empezaba a conocer, con sus salas de teatro donde el farol rojo encendido anunciaba las funciones, sus cafés bohemios y los paseos que disfrutaban las familias, reflejaba ese estado de ánimo. Todo era bullicio y vértigo. (...) En principio fuimos a vivir al barrio Cordón, en Magallanes y Mercedes. Yo había hecho, prácticamente, Primaria en Rocha y sólo estudié un año en Montevideo. La escuela a la que asistí estaba en el mismo sitio que hoy ocupa Casa de Galicia. Me acuerdo aún de los maestros y de algunos compañeros. Entre otros al Tola Invernizzi, que después fue un reconocido pintor. (...) Lentamente intenté adaptarme a la ciudad. No fue fácil. Pero a medida que pasaba el tiempo estaba por ocurrir algo que, sinceramente, esperaba ansioso. Iba a ponerme mis primeros pantalones largos... (...) Llegó al fin el día y el viejo, muy solemne, me llevó hasta Casa Introzzi que estaba en la calle Rondeau casi Galicia. Ahí había un sastre de origen italiano (...). Él me confeccionó mi primer traje. (...)

Aunque no me daba cuenta totalmente, la ciudad me atrapaba en sus redes. Hasta la ropa que llevaba parecía amoldarse al hormigón y al asfalto. Por gusto nomás tomaba el tranvía. No se pueden dar una idea qué sensación más curiosa y contradictoria sentía al ir al biógrafo y quedar hipnotizado frente a la pantalla. Una noche mi padre llegó a casa apesadumbrado. Eran las postrimerías del año 1929. Lo vi desplomarse en el sillón como si cargara sobre sus hombros el peso de varias desgracias juntas. Impresionados por su semblante mis hermanos y yo no dijimos palabra alguna. Mi madre tampoco. Se quedó a su lado silenciosa. Se frotó la cara con ambas manos y tras un profundo suspiro dijo tan sólo tres palabras:
-Ha muerto Batlle...

Sinceramente les digo que hasta esos momentos no le había prestado demasiada atención a las cuestiones políticas. Pero ante aquel hecho era imposible permanecer indiferente. (...) Mi madre no simpatizaba demasiado con el batllismo. En primer lugar porque provenía de una familia con tradiciones blancas. (...)
Sin embargo, con esa sensibilidad tan suya, estaba convencida que si Batlle y Ordóñez había sido capaz de oponerse con tanta firmeza y tenacidad a la pena de muerte, a las corridas de toros y a las riñas de gallos, era porque aquel hombre, en apariencia hosco y distante, escondía a un gran humanista. Por eso no vaciló en rezar por él.
En cambio mi padre lo veía de otra manera. Consideraba que su mayor mérito fue pacificar definitivamente al país. (...) Ser batllista por encontes no era poca cosa. Cuestionaban, ¡y cómo!, al orden vigente. Eran “obreristas”, se casaban sólo por civil y mandaban a sus hijos a la escuela pública. ¡Un escándalo total! Como si fuera poco, toleraban a los anarquistas, criticaban a los latifundistas y defendían con uñas y dientes al Estado. Una de sus reivindicaciones más queridas era el Colegiado y soñaban con hacer desaparecer para siempre el cargo de Presidente de la República. (...)
Soy consciente de las enormes barreras que tuvo para llevar adelante sus reformas. Fuera y dentro de su propio partido. Y digo que cuando haya una historia que se escriba al revés se va a poner al descubierto la vinculación y la influencia que el movimiento obrero tuvo sobre el batllismo, y me he preguntado muchas veces si los uruguayos conseguimos la democracia política a cambio de perder la democracia social. (...)

El año 1930 fue sumamente particular por varios motivos. Uruguay festejó su primer Centenario. Además se organizó el Mundial de fútbol, el primero de todos. (...) Asistí con mi hermano Germán, y presenciamos todos los partidos que jugaron los celestes. Pero... cuando los rememoro me asaltan esas dudas. Héctor y Efraín, dos de mis hermanos mayores, eran habitués del Tupí Nambá. En esos cafés había peñas hasta la madrugada y se tocaban todos los temas posibles. Desde la validez de Nietzsche hasta los clásicos anarquistas. (...) Se hablaba mucho y se consumía poco. También se aprendía. Además ambos ya habían comenzado a militar en el Partido Socialista. (...) Así, a través del ámbito familiar, comencé a comprender poco a poco la realidad nacional. Y es aquí donde mi relato puede tornarse incoherente y confuso. El golpe de Estado de 1933 es un rompecabezas que se arma y desarma en mi memoria. A veces me faltan piezas y otras me sobran. En 1934, el Partido Socialista era, comparado con colorados y blancos, muy nuevo. Tenía tan sólo veinticuatro años de existencia. A principios de los años veinte como consecuencia de las famosas veintiuna condiciones de la III Internacional había sufrido una importante fractura. Surgió entonces el Partido Comunista, y el Partido tuvo una suerte de refundación al quedar como la Sección Uruguaya de la Internacional Obrera. (...) Si tuvieran la oportunidad de leer las páginas de El Sol, el órgano oficial del partido en esos años, verían que existía una gran riqueza intelectual. Había un conjunto de dirigentes altamente preparados y de gran prestigio. Y ha llegado la hora de hablarles de uno de los hombres que más he admirao. Fue mi maestro, mi guía y después mi amigo: don Emilio Frugoni. Cuando lo conocí era un hombre cincuentón, fornido, de estatura baja y regordete de cara. (...) Había regresado recientemente del exilio y era diputado por sexta vez en aquella Cámara (...).

Entre la primavera de 1934 y el invierno de 1935, la oposición, que había estado desde el golpe de Estado a la defensiva, intentó contraatacar para cambiar el curso de los acontecimientos. Originariamente se preparaba una gran manifestación pública por el restablecimiento de todas las libertades para el 14 de julio, fecha de la toma de la Bastilla. (...) Casi al mismo tiempo estalló una huelga de los tipógrafos y linotipistas de El Día por reivindicaciones salariales. En vida de Batlle y Ordóñez, a pesar de varios conflictos entre los trabajadores y la patronal, las utilidades eran distribuidas entre los trabajadores. Pero hacía cinco años que sus hijos César, Lorenzo y Rafael eran los nuevos patrones y otro gallo cantaba. El sindicato de los gráficos era, por otro lado, de los más antiguos del país. (...) Los canillitas inmediatamente se solidarizaron con ellos y se negaron a vender ese diario y otros que, como La Tribuna Popular, estrechaban filas contra los huelguistas. Era realmente increíble que, luego del espíritu de lucha demostrado por los sindicatos gráficos y que se hubiera conocido la proclama de Picada de los Ladrones de los combatientes de enero, no se pudieran encontrar los caminos de la unidad sindical y política.

1º de Mayo 1984 - foto aldo novick

Terra, acaso seducido por cantos de sirenas que venían en forma de telegramas de apoyo o condecoraciones reales, decía que los camisas negras de Mussolini eran los continuadores legítimos de los camisas rojas de Garibaldi. Parecía que el mundo entero se sumergía en la oscuridad.
Se quemaban libros en las plazas, se abrían campos de concentración, ejércitos de “razas superiores” atravesaban las fronteras sin respetar protocolos ni tratados. (...) La dictadura terrista me había hecho romper el cascarón. Ya sabía bien lo que quería y adónde iba. Así que con Germán resolvimos irnos de casa. (...) Alquilamos una pequeña y modesta pieza en una pensión sobre la calle Gonzalo Ramírez, en el barrio Sur. (...) Parábamos la olla a duras penas. Ni siquiera pudimos comprar en cuotas los refrigeradores General Electric, que recién salían al mercado. (...) El hambre siempre andaba suelta por la habitación, dando vueltas. (...) Mientras mateábamos y comíamos algunos bizcochos, oímos por el Repórter Esso que las tropas del Duce habían invadido Etiopía. (...) Estoy convencido que hay momentos en la historia en que los mejores sentimientos de los pueblos salen a relucir con toda su fuerza. Eso, exactamente, es lo que ocurrió en Uruguay al desatarse la guerra civil española. Todo había comenzado el 14 de abril de 1931. Un primer paso era reorganizar el fracasado mitin por la libertad. Una demostración de fuerza que lograra unir a la oposición y frenar los avances reaccionarios. (...)

Esas elecciones tuvieron otra particularidad: por primera vez votaron las mujeres. (...) Sin embargo, pocas semanas después de los comicios hubo un intento por impedir la asunción del nuevo gobierno. (...) Nunca llegué a saber qué tan cerca estuvimos de un golpe con ribetes marcadamente fascistas. (...) Por otra parte, yo empezaba a tener otras preocupaciones y responsabilidades a raíz de mi nuevo empleo. Me afilié a la Federación Uruguaya de Empleados de Comercio e Industria (FUECI) y ese fue el primer sindicato que integré formalmente. Tras mi breve experiencia con los gráficos ahora pasaba a tener un vínculo más permanente con la organización bastante compleja y extendida que agrupaba a los empleados del London-París, Introzzi, La Madrileña, Aliverti, entre otros. También estaban agremiados a FUECI los trabajadores de las ferreterías, pinturerías, zapaterías, bazares y casas de música. (...)
No había duda que, en esos años, el gobierno miraba a los sindicatos como enemigos potenciales. Allá por 1927, César Charlone, que ocupaba la novel Oficina Nacional del Trabajo, había elaborado un Código Laboral. Una buena parte de la política social de Terra tuvo esa fuente de inspiración. (...)

El sindicato de la construcción, que agrupaba también a los yeseros y calefaccionistas, adquirió por ese tiempo una fuerza considerable. Obras de gran magnitud emprendidas por el terrismo, como el Hospital de Clínicas o la represa del Rincón del Bonete, obligaban al empleo de una gran cantidad de trabajadores que en su inmensa mayoría eran hombres que venían de las estancias y de los rancheríos de la campaña. (...) A todo esto, Baldomir estaba instalado en el sillón presidencial. Ese era otro problema. Yo batallaba en dos frentes. El político y el sindical. Sin llegar a entender muy bien dónde estaba exactamente la línea divisoria.
El Graff Spee era un acorazado de bolsillo, orgullo de la Alemania nazi. Durante la guerra civil española había atacado, con sus dos gemelos, la ciudad abierta de Almería. Luego, al mando del capitán Hans Langsdorff, recorría el Atlántico Sur y hundía cuanto buque mercante se cruzaba a su paso. Los ingleses concentraron, entonces, una flotilla en la desembocadura del Río de la Plata para tenderle una emboscada. Finalmente a la altura de la Barra del Chuy se encontraron con la nave corsaria. Tuvo ahí inicio el primer combate marítimo de la segunda guerra mundial. Tras un duro cañoneo el Graff Spee recibió graves daños y, con sendos agujeros a babor y estribor, enfiló hacia Montevideo. (...) El traslado de los heridos y el cortejo fúnebre de los marinos alemanes (...) se me presenta hoy como un filme oscuro y borroso donde no hay nada agradable. (...) El embajador británico Millington-Drake, que con una mano jugaba diestramente al tenis y con la otra abría las puertas de los despachos ministeriales, fue la figura del momento. (...)

A principios de 1940 la blitzkrieg parecía incontenible; Holanda y Bélgica no pudieron resistir su embate. Y el 13 de junio cayó París. Francia era el símbolo de la cultura y las libertades universales, y de la noche a la mañana Hitler se paseó bajo el Arco de Triunfo. El semanario Marcha, que tenía casi un año de existencia, publicó en su primera página un ángel con la espada en la mano; “Hoy más que nunca junto a Francia”, decía su principal titular. (...)
Como en la guerra civil española, hubo uruguayos que se pusieron armas al hombro y marcharon a pelear contra el fascismo. Algunos no regresaron. Por otro lado, nuestra sociedad comenzaba a sentir los efectos de la guerra.

1º de Mayo 1984 - foto aldo novick

El 17 de julio me casé con Delma lo que fue una alegría que contrastaba con las horas dramáticas que se vivían. A principios de 1942 no teníamos todavía del todo claro hacia dónde iba Baldomir. (...) Se quejó, con notoria acritud, del obstruccionismo y el acoso del herrerismo. Parecía que íbamos hacia un choque frontal. Los ferroviarios libraron duras batallas, con un alto costo humano, contra la prepotencia de los directorios ingleses, que siempre contaban con apoyo policial. El ferrocarril era un medio de transporte muy popular que llegaba a los lugares más recónditos del país. Por este motivo era usado por la mayoría de los políticos. Guardas y maquinistas, tenían un contacto directo con los dirigentes partidarios. También un vínculo estrecho con los pobladores del interior. Todo esto hacía de la Unión Ferroviaria un sindicato con mucho para aportar al seno de la clase obrera. El 20 de marzo de 1942, en el Teatro Urquiza, realizamos el Congreso Constituyente de la Unión General de Trabajadores (UGT). ¡La primera central! (...) Hay quien dice que fui su presidente, la verdad es que me recuerdo como prosecretario. El cargo más importante en realidad lo tenía Enrique Rodríguez.

El 1o. de mayo de 1942 tuvo una especial significación. Era el primer acto unitario. Desde el Palacio Legislativo por Agraciada desfilaron, en apretadas columnas, los molineros, aceiteros, tranviarios, ladrilleros, los empleados y repartidores de las tiendas y panaderías, los omnibuseros, fideeros... (...) Fui uno de los oradores en esa oportunidad. Me han preguntado si esa fue la primera vez que hablé en el día de los trabajadores. Es posible. Lo que evoco es que habló Julia Arévalo. Una luchadora social con coraje y personalidad. Había conocido a La Pasionaria, a Picasso y a otros militantes del movimiento antifascista y democrático mundial. Unos años después se convertiría en una de las primeras mujeres de izquierda en ocupar una banca parlamentaria en América Latina. Ese fue el bautismo público de la UGT. El 23 de agosto (1944) nos llegó la gran noticia: París había sido liberada. Recuerdo que El Sol tituló: “Cayó París, Francia se levanta”. Sonó la sirena de El Día, los tranvías frenaron de golpe y los pasajeros bajaron a festejar. Los estudiantes y profesores abandonaron las aulas y se declaró asueto general, las fábricas, oficinas y comercios quedaron vacíos.

1984, Mariano Arana, Juan José Crotogini, Germñan D`Elía, Víctor Licandro - foto aldo novick

El 22 de febrero de 1945 Uruguay declaró finalmente la guerra al Eje. Fue un gesto simbólico; hacía tiempo que Uruguay no era neutral. Si alguna vez lo fue. Tres meses después Alemania se rendía incondicionalmente. Sin embargo, pienso que habría que revisar algunas cosas que se hicieron a favor de los aliados. Quienes no estaban abiertamente en la lucha por la democracia, estaban en favor de sus propios intereses. A mitad de 1957 cualquier observador imparcial hubiese señalado que el gobierno de Luis Batlle se descomponía aceleradamente. Bastaba con oír las opiniones de las amas de casa en las ferias y en los expendios de Subsistencias, sobre la suba de la carne, la yerba y el azúcar para advertir el descontento reinante. (...) Muy pronto, Luis Batlle se convirtió en el culpable de todo. De la carestía, la escasez, la desocupación, la corrupción, la burocracia, de la desaparición de los tranvías y de que la selección hubiera quedado eliminada del Mundial...

1º de Mayo 1984 - foto aldo novick

Desde el Consejo Nacional de Gobierno, Herrera se había convertido en un implacable censor del régimen. Con los años su vigor, sorprendentemente, parecía aumentar y no escatimaba ningún tipo de adjetivo para descalificar a la mayoría colorada. Chico-Tazo, no se quedaba atrás en la campaña de desprestigio, motejaba a los batllistas de Acción, de “comunistas chapa 15”. Asimismo, el Partido Nacional Independiente luego de casi veintisiete años volvía a votar junto al herrerismo. Estaba coaligado con Daniel Fernández Crespo, un caudillo urbano que se hacía llamar “el buen vecino” y formaban una fuerza nueva: la Unión Blanca Democrática (UBD). Ahí hizo sus primeras armas Wilson Ferrerira Aldunate y nuestros caminos estaban destinados a cruzarse en más de una oportunidad. El otro suceso estaba relacionado con el movimiento estudiantil que no era ajeno ni insensible a los problemas del país. La Federación de Estudiantes Universitarios (FEUU) siempre se había destacado por sus posturas antiimperialistas, como cuando ocurrió la invasión yanqui a Guatemala en 1954, y era conocido su apoyo a la lucha de los “gremios solidarios”. (...)

Cuando conocí los resultados del escrutinio, no me sorprendí. Los blancos ganaron por paliza y la pregunta era ¿qué podíamos esperar del gobierno herrero-ruralista? (...) La alianza entre Herrera y Nardone estalló en mil pedazos casi enseguida. Se desató una feroz rebatiña por los ministerios y los cargos en los entes públicos. (...) El 1o. de marzo de 1959, con ruido de sables por todos lados, asumieron los consejeros. Increíblemente, el hombre que más había hecho para lograr la victoria, Luis Alberto de Herrera, estaba de punta contra la nueva mayoría. El 8 de abril cuando libraba este combate, falleció. (...) La muerte de Herrera paralizó al país. (...)

Todo el litoral y el norte se inundó, y cientos de familias debieron ser evacuadas. (...). Minuto a minuto, las marcas de las crecidas fueron superadas y se convertían en un termómetro del pánico que comenzaba a ganar a todo el país. ONDA tuvo que suspender sus viajes y, decenas de localidades que quedaron aisladas, debieron ser socorridas desde las bases aéreas. (...) En aquel Uruguay que parecía sepultado bajo las aguas, llegó Fidel Castro. Hacía apenas cuatro meses que había triunfado la Revolución, fue recibido como huésped oficial del gobierno y a bordo del avión de las Líneas Cubanas, sobrevoló las zonas inundadas. (...) En el verano de 1960 la relación entre Erro y el Consejo Nacional de Gobierno llegó a un punto límite. Le pidieron la renuncia y se negó. Chico-Tazo lo destituyó sin más trámite, y nombró en su lugar a Angel María Gianola. Con gran expectativa previa y tras intensos preparativos el 20 de abril de 1961 se iniciaron las sesiones del Congreso Constituyente de la Central de Trabajadores del Uruguay en el Palacio Peñarol (...) Me distinguieron con el cargo de presidente de aquella central pero es un acto de justicia referirme a los compañeros que no aparecen nunca en primera línea, a los que nadie reportea ni recuerda en los libros sobre historia sindical. Ningún sindicato y mucho menos una central obrera puede funcionar si no cuenta con quién atienda el teléfono, reciba la correspondencia, cargue y descargue los tablones y fierros en los camiones para armar los estrados, se encargue de las delicadas tareas de seguridad, vigile en la noche el local, abra la puerta, ordene los papeles o conduzca los autos. (...)

1º de Mayo 1984 - foto aldo novick

Recuerdo que durante muchísimo tiempo los dirigentes sindicales tuvimos el número secreto de la centralita de Casa de Gobierno. Eso nos permitía comunicarnos prontamente con cualquier jerarca del Estado, estuviera donde estuviera. Logramos una entrevista con Eduardo Víctor Haedo, que ese año presidía el Consejo de Gobierno. (...) Había un Ministro de Instrucción Pública durante la dictadura de Gabriel Terra pero, también, fue el encargado de hacer el vibrante alegato en el Senado contra la instalación de las bases norteamericanas. Nos recibió en calzoncillos y con el pantalón en la mano, porque le acababan de dar una inyección. Miró con cierto aire de sorpresa el extenso informe que le entregamos sobre la coyuntura socioeconómica del país y las posibles alternativas. Luego, con inocultable picardía nos dijo:
-Muchachos... ustedes me traen un memorándum. ¿Por qué mejor no vienen con dos o tres paginitas nomás? Algo más sencillo. No hay nadie hoy en día que lea un memorándum.

Lo cierto es que los problemas iban en aumento. El gobierno había firmado una nueva Carta de Intención con el FMI y hubiésemos sido sordos, ciegos y mudos si no advertíamos que estaba en puerta una nueva “caza de brujas”. (...) La Revolución Cubana perdía, gradualmente, amigos en el campo de los partidos tradicionales. Chizo-Tazo y César Batlle exigían la inmediata ruptura de relaciones. El primer paso fue la expulsión de su embajador, Mario García Incháustegui. (...) El movimiento obrero y estudiantil le brindó una cálida despedida y una de las tareas urgentes de la CTU fue tratar de impedir el aislamiento de la isla. En el mes de agosto se realizó en Punta del Este la reunión del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES), en el marco de la “Alianza para el Progreso” que el presidente John Kennedy buscaba impulsar para América Latina. Nos opusimos a ella. Como decían algunos compañeros, era una alianza para el progreso... de Estados Unidos. Así que organizamos varias movilizaciones para denunciar sus objetivos y en esos días, llegó a Uruguay el Ministro de Industrias cubano Ernesto Guevara, el Che. (...)

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El Che pronunció un impactante discurso en el CIES, contestó todas las preguntas, aún las más agudas, que le hizo la prensa y se dio el lujo de tomar unos mates con Haedo en “La azotea”, una gran casa con capilla y hasta teatro que éste poseía en nuestro principal balneario. La CTU aprovechó su presencia para, junto con la FEUU, la Casa de la Cultura Artigas-Martí y el Comité Nacional Coordinador de Apoyo a la Revolución Cubana, organizar una conferencia popular antiimperialista en el Paraninfo de la Universidad. Una delegación de la CTU partió para Punta del Este a entrevistarlo y una de las mayores preocupaciones del Che, era evitar que su presencia en Montevideo sirviera de pretexto para generar incidentes. No es casual que en 1962 se produjeran las primeras marchas de los cañeros. Atravesaron con mil dificultades todo el país hasta llegar a Montevideo, encabezados por Raúl Sendic. (...) El movimiento guerrillero todavía no existía. (...) Además, muchos mirábamos con indisimulada admiración la lucha de los pueblos argelino y vietnamita que resistían a ejércitos más numerosos y mejor preparados. (...) En ese contexto los partidos de izquierda concretaron nuevas formas de organización, como la Unión Popular y el Frente Izquierda de Liberación (FIDEL), para atraer un electorado que se mostraba cada vez más desconforme con los partidos tradicionales y no es extraño que Zelmar Michelini por ese tiempo mantuviera discrepancias con Luis Batlle y fundara la lista 99. (...) Los blancos lograron retener el gobierno en las elecciones de noviembre de 1962, pero la crisis no daba respiro y por el mes de enero hubo un decreto en que se le exigía a los funcionarios públicos una declaración de “fe democrática”.(...)

Y aún no habían asumido los consejeros de gobierno electos cuando los funcionarios de las Usinas y Teléfonos del Estado se declararon, en conflicto. La CTU los apoyó y al día siguiente el ejército entró a las plantas generadoras, la marina tomó las instalaciones de la Central Batlle y la fuerza aérea se encargó del sector de teléfonos. El gobierno preparaba el traspado del mando pero eso no impidió que implantara las Medidas Prontas de Seguridad. Tanto los dirigentes de AUTE como de la CTU quedamos fuera de la ley y requeridos.
(...) La situación se agravó. Las fuerzas de la Guardia Metropolitana rodearon a los acampantes, se los llevaron, los confinaron en el túnel de la Central Batlle y cerraron la sede gremial.(...) En aquella atmósfera tan enrarecida AUTE presentó, con nuestro respaldo, una propuesta de cinco puntos tendiente a destrabar el conflicto. (...) A dos años de su fundación la CTU entendió que el relacionamiento logrado con los sindicatos estatales, que iban en aumento en su organización, era un logro valioso.

1º de Mayo 1984 - foto aldo novick

Del 17 al 21 de julio de 1963 realizamos el I Congreso Ordinario de la CTU. En esos días aún se escuchaban los comentarios de la Multiliquidación del London-París. (...) En los primeros días de 1964 las versiones de un inminente golpe de Estado volvieron con más fuerza. (...) Fueron tan fuerte los rumores que la FEUU salió a la calle con la consigna “Soluciones sí, Golpe no”. Para la celebración del Día de los Trabajadores confeccionamos una plataforma con los sindicatos autónomos donde uno de sus puntos más importantes fue la defensa irrestricta de los derechos sindicales y democráticos. (...) A esta situación se le agregó la muerte sucesiva de los tres líderes políticos que gozaban de mayor influencia: Benito Nardone, Luis Batlle y Daniel Fernández Crespo. Cuando observé en los diarios los rostros de las miles de personas que asistieron a los funerales, tuve en esos días una sensación entre extraña y preocupante. Creí que se sentían huérfanos, sin guías, perdidos en un país que ya no reconocían como suyo. No les daré la lata con el detalle de las charlas, reuniones, plenarios y mesas coordinadoras a las que asistí en los primeros meses de 1964. (...)

Solamente existía un punto en el cual no había acuerdo: el nombre. (...) Muchas organizaciones tenían expresamente prohibido por sus estatutos integrar una central. (...) Este tema frenaba la unidad. (...). Una noche estábamos reunidos en el Paraninfo de la Universidad y seguíamos sin arribar a un acuerdo. Parecía que nuevamente retrocedíamos. Hablábamos, hablábamos y nada. Finalmente decidimos agotar todas las posibilidades y cruzamos al Gran Sportman. (...) Llegamos en tropel. Éramos Gerardo Cuesta, Enrique Pastorino, Luis Iguini, León Duarte, Gerardo Gatti, Héctor Rodríguez y yo. Nadie lo dijo expresamente pero había conciencia que estábamos en una instancia crucial. (...)
-Parece mentira que no hallemos una salida -gruñó Pastorino.
-Es que el tema es delicado. No podemos correr el riesgo de crear una centralita -replicó Héctor Rodríguez.
-De acuerdo -confirmó Pastorino y prendió un cigarro-. Entonces empecemos al revés. Enumeremos las coincidencias.
-¿Es necesario compañeros? -pregunté yo.
-Supongo que no -dijo Duarte-. Lo que sea, como quiera que le llamemos, será un instrumento permanente de lucha.
-De acuerdo -repitió Pastorino-.

En el aspecto programático, el documento que confeccionamos en la CTU, “Condiciones de vida de los trabajadores y situación económica del Uruguay” servirá como preinforme para la convocatoria.
-Aquí hay otro tema, compañeros -intervino Gatti-. Todos los indicios llevan a suponer que la oligarquía y el gorilaje se preparan. La represión al campamento de los cañeros de la calle Cuñapirú es una prueba. Pero la cuestión no es sólo aquí. El derrocamiento de Jango Goulart es una prueba cabal. (...)

El Sportman comenzaba a vaciarse. Los estudiantes se levantaron, todavía discutían en voz alta, la pareja con las manos entrelazadas se alejó sigilosamente por Tristán Narvaja y el solitario pidió otra copa.
-¿Recuerdan qué gritaban los obreros de la carne en el '56? -preguntó de pronto Héctor Rodríguez.
-”Unidad Sindical/unidad sindical... -respondió Cuesta.
-... una sola Central/ una sola Central” -completó Duarte.
-Exacto. No es que la queramos nosotros o las organizaciones políticas a las que representamos -dijo Héctor.
-Entiendo lo que querés decir. La quiere la gente -dijo Pastorino.(...)
-Si interpreamos correctamente ese sentir debemos realizar la convocatoria cuanto antes (...).
-Sabemos que no le llamaremos “central” -expresó Gatti.
-No -confirmó Pastorino-. Pero también sabemos, como que la tierra es redonda, que será de trabajadores. Aunque no exclusivamente. Hay que integrar a otras fuerzas sociales.(...)
-Bien. No se llamará “Central Nacional de Trabajadores” -dije. Afinábamos el concepto. Ya estaba, ya estaba.
-No... -coincidió Duarte mientras se rascaba pensativo la barbilla y agregó- ...pero sólo habría que sacarle la primera palabra. Tenemos que ver qué ponemos en su lugar.(...)
Entonces Gerardo Cuesta con una sonrisa de satisfacción, como quien después de una larga y extenuante búsqueda encuentra el objeto deseado, exclamó:
-¡Una Convención!
-¡Eso es!¡Esa es la palabra justa! -dijo Duarte.
-...la Convención-Nacional-de-Trabajadores -articuló Pastorino.
-¡La CNT! -dijimos todos al mismo tiempo.

foto aldo novick


José D'Elía: Memorias de la esperanza
de Jorge Chagas – Gustavo Trullen, fue publicado en 1996 por Ediciones Trilce. 199 páginas y se puede conseguir en librerías. Agradecemos a Gabriel Melgarejo en el PIT CNT por recomendarnos el libro, con motivo del 1º de mayo.

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