Roberto Darvin

"Yo siempre busqué la opinión de Rubén Castillo; era un tipo muy lúcido y muy inteligente. Él me aconsejó con muy buen criterio, como lo ha hecho siempre. Me dijo: "Acá se viene la noche, la cosa está muy complicada, tengo problemas para pasar tu música y la de muchos otros. Se te va a complicar mucho. No vengas; si podés, quedate allá´”.
 Roberto Darvin

-Roberto ¿Cómo fue tu encuentro con Discodromo?

-Dejame hacer memoria... Fue una consecuencia casi lógica de una trayectoria previa que yo venía realizando de muchas presentaciones desde hacía tres o cuatro años antes en boliches de Montevideo. Boliches quiero decir... en ese tiempo había Vinerías, como el bodegón La Telita -que yo nombro en Milonga del Guruyú- y boliches así. Alguien que me vio en un local que se llamaba La Claraboya Amarilla...

-¿En Punta del Este?

-No, eso fue después. Esto era en Pocitos.

-Tenía el mismo nombre que la de Alfredo en Punta del Este.

-Sí, pero la que puso Alfredo estaba enfrente al Cine Casablanca, creo. Tocando ahí alguien le habló de mí a Rubén Castillo y él se interesó en lo que yo hacía. Me llamó, fui a la radio y quedó muy entusiasmado con lo que yo estaba haciendo en ese momento y a partir de ahí comenzó el vínculo artístico.

-La Claraboya Amarilla de Pocitos ¿fue previa a la de Punta del Este?

-No estoy seguro pero creo que fue una consecuencia lo de Punta del Este. Creo que originalmente era la de Pocitos.

-¿Y era de Alfredo también?

-Sí. Cuando yo actué ahí era de un cuñado de Alfredo, creo.

-¿Quién más actuaba ahí?

-Por ejemplo estaba Camerata; fue con esos músicos que grabé mi primer disco aquí. Lo dirigió artísticamente Federico García Vigil y además tocó Manolo Guardia que era el pianista de esa producción. En la Claraboya también actuaba no recuerdo mucho pero cantaba Yalta... qué sé yo, creo que más bien actuaban los músicos que le gustaban a Alfredo, creo que funcionaba así. (Risas.)

-Volviendo a Discodromo el primer encuentro fue en el programa de radio y posteriormente en el de televisión.

-Inmediatamente en el de televisión. Rubén Castillo actuó de un modo muy expedito. Tomó la resolución e inmediatamente el domingo siguiente estaba cantando.

-¿Te acordás en qué año?

-Esto debe haber sido en el año '67, '68.

-En tus temas siempre estuvo la fusión de ritmos afro.

-Sí, desde el principio. Siempre frecuenté la milonga y evidentemente tengo influencias del continente al que pertenezco. En mi mano derecha aparecen... por ahí en el pulgar aparecen tumbados que tienen que ver con la música latinoamericana de Venezuela, Cuba, México... De hecho me inicié tocando en dúos y en tríos que interpretábamos música latinoamericana cuando la gente no sabía ni de qué le estabas hablando porque lo que había en abundancia -que proliferaban por todas partes- eran grupos de formación argentina, digamos: tres guitarras y un bombo legüero -en su mayoría- que tocaban zambas y chacareras.

-Esos grupos en los que tocabas, ¿cómo se llamaban?

-Antes de hacer lo de Discodromo yo había actuado bastante en Canal 12 en unos programas que se llamaban El Show del Mediodía, con Alejandro Trotta y Cacho de la Cruz, El Show de Pedrito Rico...

-Que venía a Galas Manzanares, también.

-Sí, y que dirigía un par de hermanos argentinos que eran los Boiro -José Pedro y su hermano-; fueron de los primeros productores de televisión que hubieron acá. Ahí yo actuaba con un muchacho que se llama Carlos Campoy, a quien conocí porque salimos juntos en Asaltantes Con Patente; él después empezó a cantar tangos...

-¿En qué año saliste en la murga?

-En el año '63. Era un guachito chiquito yo; la primera vez que me subía a un escenario. Yo cantaba y Carlitos tocaba el redoblante.

-¿Quién dirigía?

-Cachela -Antonio Casaravilla-.

-¿Qué recuerdos tenés de Cachela?

-Maravillosos. Yo estaba súper deslumbrado. Perdí una novia a causa de eso (Risas). Porque estaba muy mal visto en ese tiempo salir en murga, era un "quemo"; para la familia de mi novia era un horror, espantoso.

-Cachela era todo un personaje.

-Sí, sí. Yo paraba en un boliche -con todos esos dinosaurios- en Miguelete y Justicia. Paraba Cachela, el viejo Peñarol, el doctor Pocas Plumas, el Pulpa Etchamendi... En ese boliche se cocinaban muchas cosas de Carnaval en esos tiempos.

-Cuando empezás tu carrera como solista habían también diferentes estilos: Zitarrosa, El Kinto, los grupos beat -que cantaban en inglés-. ¿Cómo te encontrabas vos con tu repertorio? El más cercano a vos en cuanto a estilo era El Sabalero...

-Sí, yo con El Sabalero tuve siempre una cercanía, además de un gran cariño. Lo conocí cuando yo tocaba en el bodegón La Telita, allí en Washington y Pérez Castellano y apareció José con una cámara de fotos -porque era fotógrafo a su llegada a Montevideo-, sacaba fotos en las vinerías. Y se arrimaba y nos mostraba las primeras cosas que hacía... Cuando se fue José yo me sentí morir un poco y... No veo por qué estoy saltando a esto pero me impresionó tanto la muerte de José que... francamente sentí que me moría un poco. Y recuperé el poder llorar. Yo creí que había perdido totalmente la posibilidad de llorar. Hacía muchos años que no lloraba y de pronto me encontré llorando cuando se fue José... Carajo. (Hace una pausa) Probablemente José haya sido el tipo más cercano musicalmente porque él siempre estuvo muy abierto a todo lo que era música latinoamericana y quizás -por qué ser modesto- creo que yo influencié un poco para que él se arrimara por ese camino a abrir un poquito la cortina y mirar a ver qué había del otro lado. Después esas experiencias las repetimos en Francia, en Holanda, en Cuba, en México, qué sé yo... seguimos viéndonos siempre con José. Por otra parte, siempre fui un bicho raro, un tipo que nunca se benefició ni tuvo que soportar los problemas que puede traer pertenecer a un clan, a un grupo, a una comunidad. Yo nunca tuve una "comunidad artística", digamos, nunca pertenecí a una corriente. Siempre toqué así y tuve ese concepto y sigo así. Tengo 70 años y sigo por caminos poco frecuentados.

-Volviendo a los '70 ¿cómo surgió la posibilidad de participar en el Primer Festival de la Canción Latina, en México?

-Yo estaba trabajando muchísimo en boliches y sobre todo con una presencia constante en televisión. Además de algunos programas en la semana, todos los domingos actuaba -durante años- en Discodromo. Estar todas las semanas en un programa como Discodromo te daba una cierta notoriedad pública y la aprovechamos para tocar. Teníamos mucho trabajo, muchos toques. Un día apareció por aquí un señor italiano que era uno de los organizadores del Festival de San Remo -que en aquel momento tenía mucha fuerza-. Recuerdo que se llamaba Piero Bonino y vino a organizar este Festival de la Canción Latina en el Mundo al que iban todos los países latinoamericanos más Rumania, Italia, Francia, España, Bélgica. Me convocó el Canal 12; tenían que elegir a un par de intérpretes. El Canal eligió a Leticia Moreira -tremenda cantante y flor de gurisa- y a mí. Creo que esa decisión la tomaron colectivamente: uno de ellos fue José Germán Araújo -el petiso Araújo era Gerente Comercial de Canal 12, a la sazón-, el otro fue Rubén Castillo. Seguramente ahí también tuvo que ver otro amigazo del Canal, Miguel Olivencia padre.

-A México viajaron con Rubén Castillo.

-Sí; él a festejar su luna de miel con su esposa en ese momento, Teresa Gómez.

-Ese Festival en Ciudad de México se realizó en el Teatro Ferrocarrilero. ¿Qué puesto obtuviste?

-Un cuarto lugar. Siempre se dijo que yo había obtenido el segundo lugar, pero no; ganó Brasil, segundo Venezuela, tercero México -que se coló no se sabe cómo- y en cuarto lugar quedé yo.

-¿Te quedaste en México?

-No, yo regresé.

-Pero te volviste a ir enseguida.

-Inmediatamente. Lo que ocurre que en el '70 -esto fue en el mes de marzo- unos meses después comenzaba el Campeonato Mundial de Fútbol. Yo hice más programas con Discodromo, toques por aquí, hice el teatro El Galpón con la orquesta de Camerata, etc., etc., y entonces don Carlos Solé con quien nos habíamos hecho amigos porque él trabajaba en radio Sarandí, Rubén Castillo también y la radio estaba al lado del Canal, sabiendo que yo

ahí don Carlos Solé me habló si yo podía hacer algo para no tener que ir a un hotel y conseguir algún lugar donde quedarse el mes que duraba el Mundial. Como yo había conocido bastante gente busqué y busqué; se me ocurrió tirar una punta -no había internet, ni celular, los medios de comunicación eran bastante más complicados-; hacer una llamada a México tenías que pedir operadora, te avisaban que había una demora de cinco horas, luego te decían que no había sido posible la comunicación, que lo intentaras nuevamente al otro día... No fue fácil, pero una amiga mía -periodista argentina- le dejó el apartamento en el que vivía y terminamos arreglando la casa ésta para don Carlos. Iba a ir Rubén Castillo, también, pero al final creo que no fue. Yo sí tenía que ir porque había dejado unos contratos para hacer en México y al final terminé saliendo yo a ver el Campeonato Mundial, encantado de la vida, y a volverme con la frustración de Uruguay 4to. en el Campeonato. En aquel momento se vivió como una cosa espantosa, como que era un fracaso horroroso.

-¿Estabas en el estadio cuando el gol de Espárrago, en la hora, frente a Rusia?

-Sí, claro.

-Con el tiempo, eso no se convirtió en un fracaso sino en el último logro importante de Uruguay, hasta que apareció la Selección con el Maestro Tabárez en el Mundial de 2010.

-Con la diferencia que ahora se festejó como un triunfo este 4to. lugar y en aquel tiempo nos quedó como un sabor amargo a todos... Volviendo a lo anterior, terminé viviendo donde había alquilado don Carlos. A él le gustaba mucho como cocinaba yo en aquel tiempo -ahora creo que cocino un poco mejor- y me dediqué a hacer las compras y a cocinar, era el "cocinero" para la delegación. El Toto da Silveira era el comentarista de Carlos Solé pero no vivía ahí con nosotros. En ese apartamento vivíamos Carlos, un muchacho rubio de ojos claros -creo que de apellido Baldizoni o algo así-...

-Sería Cacho Barizzoni, porque él fue comentarista y trabajó con Solé...

-Puede ser él, sí, si trabajó con Solé...

-¿En esa misma época te fuiste a California y estuviste tocando en universidades?

-Sí. Este Festival lo organizó Televisa. Ya en esos tiempos Televisa era una potencia televisiva de mucha importancia, con tentáculos por todas partes y con una penetración inclusive en los Estados Unidos. Este festival entró en el ambiente latino de Los Ángeles, y de todo el sur de Estados Unidos, en Nueva York -porque después me salieron cosas para tocar ahí, todo a raíz de esa presentación-. Y estuve, sí, actuando en universidades bilingües de esa zona y en Kansas, Arkansas, San Antonio, Texas

 -¿Cuándo grabaste tu primer disco?

-En el año '67.

-¿Es el disco que grabas con los músicos de Camerata y Manolo Guardia?

-No, ese es en el '68... Ahora tengo esa duda si fue en el '67 o en el '68 grabé dos discos. Los dos para el sello Macondo -que sacaba Carlos Firpo en ese tiempo-; uno con dos intérpretes más y el otro de América Hoy, que tiene la primera versión de Jacinto Vera, la primera de Barlovento, Canoero, un tema que después me grabó Celia Cruz... En ese momento sonaron bastante. Eran los temas que tocaba todos los domingos en Discodromo. Vos sabes que Rubén Castillo me obligaba -como siempre fui bastante atorrante, en el sentido de perezoso, haragán- a presentarle un tema nuevo cada semana. Y casi siempre me salía porque, claro, estaba con la viola todo el tiempo y maravillado con el tema de la composición. Era un desafío, pero me venía muy bien; él lo hacía para estimularme, para obligarme a que...

-Porque además de los temas que se hacían, antes se grababan. El director musical de eso era Frade.

-Se grababan y ustedes hacían playback después en la televisión.

-No en mi caso, porque ahí ya empecé con mis cosas de bicho raro, porque yo me acompañaba solo.

-Claro, entonces era más fácil sacarlo al aire en vivo.

-Después de esos dos discos que me nombraste hay otro para el sello Otro.

-Ese es un disco hecho en México, que se llama Roberto Darvin y su onda. Salió en Nueva York, también.

-¿De qué año es?

-Yo lo grabé en México en el '70. En Estados Unidos salió en el '71 para Caytronics.

-En el segundo longplay en la contratapa escribe Rubén Castillo. Te voy a leer una de las cosas que escribió: "En estos tiempos de atropellados y de atropellos, por suerte también se da la belleza".

-Sí, lo recuerdo.

-En ese disco la dirección y los arreglos son de Federico García Vigil. Y grabaste con el ingeniero Hugo Manzini.

-Sí, el Conde Manzini, en Sondor. Era la mano derecha de Carlos Píriz.

-En el contrabajo estaba García Vigil y Ricardo Planas, en la percusión Héctor Prendez, violines Juan Rodríguez, en cello Vinicio Ascone y Moisés Lasca en viola. En oboe Elvira Casanova, en flauta Tito Caballero y en piano Juan José Fiaquini.

-Juan José Fiaquini fue el nombre que se puso Manolo Guardia, porque tenía un contrato de exclusividad con otra compañía de discos. (Risas.)

-Fiaquini era un personaje de Rico Tipo que era muy perezoso... Acordate que para los argentinos fiaca es pereza. Y Manolo, reconociéndose como haragán, se puso ese nombre.

-Y tenés un disco con poemas de Nicolás Guillén. Dos temas por lado. ¿Cómo se dio ese disco y en qué año?

-Lo hice por el '69, más o menos. Es una cosa curiosa porque hasta en Cuba está ese disco. Evidentemente Guillén es un poeta de culto en Cuba, en toda América pero en Cuba, bueno, lo valoran en su justa dimensión al moreno. Y como era uno de mis poetas preferidos, curiosamente ese disco me lo he encontrado como tesoro, como cosa de la cual la gente no quiso separarse aún en las peores circunstancias, en casa de exiliados uruguayos en todo el mundo.

-Editado por América Hoy.

-Sí, que era del mismo responsable del sello Macondo.

-Y hay un simple con Canoero de un lado y María Naranjo del otro.

-Sí, eso debe ser de México. Esos dos temas funcionaron muy bien allí.

-El longplay Experiencias, del sello Gamma.

-Es un disco que tiene un tema que funcionó muy fuerte en México y en otras partes que se llama Fronteras, también conocido por Soy latinoamericano. En ese disco toca un gran guitarrista brasileño que se llama Roberto Do Nascimento y toca Lucho González -guitarrista de Chabuca Granda y además integrante de un célebre trío en argentina con Baraj y Vitale. También toca con Luis Salinas... Tremendo guitarrista.

-Regresás a Uruguay pero te tenés que ir nuevamente.

-Yo me había ido en el '70 para México. Trabajé mucho allí, grabé discos. En el '73 volví a Uruguay con la intención de quedarme. Y al que fui a ver inmediatamente fue a Rubén Castillo, a ver cómo estaba la cosa. Yo siempre busqué la opinión de Rubén, era un tipo muy lúcido y muy inteligente. Él me aconsejó con muy buen criterio, como lo ha hecho siempre. Me dijo: "Acá se viene la noche, la cosa está muy complicada, tengo problemas para pasar tu música y la de muchos otros". Creo que ya habían prohibido a Serrat, y yo había marchado en el pelotón, también. Me dijo: "Se te va a complicar mucho, no vengas; si podes quedarte allá, quedate. Andate de nuevo." Y, bueno, fue lo que hice. Hicimos un programa especial en Canal 12 -creo que ya no estaba Araújo en el Canal-; me parece que ese show especial lo cocinaron Rubén con Olivencia.

-¿Salió en Discodromo?

-No, salió aparte. Lo produjo Rubén para el Canal. Con artistas invitados. Y a partir de ahí regresé a México y ya no volví. Estuve en México del '73 al '75.

-¿En qué momento te vas a España?

-En el '75.

-¿Te quedás tres años en España?

-Prácticamente llegué a la muerte de Franco, o sea que agarré todo ese proceso del fin de la dictadura; al tipo lo tenían todo entubado, con más cables que los Rolling Stones, manteniéndolo como podían mientras se cocinaba la nueva monarquía y lo que vino después.

-Fue un cambio fuerte.

-Tremendamente fuerte y empezaron en España a descubrir que las mujeres tenían tetas y se empezaron a bajar los calzones... Lo que le llamaban "El Destape" (lo dice con acento español); estaban encantados con eso, los españoles.

-También apertura a nivel artístico y fundamentalmente con la canción; porque un montón de artistas, en forma similar a lo que ocurría aquí en Uruguay, hasta que se da esa apertura, en España no podían canalizar sus trabajos de forma normal.

-En España vivían muy atentos a lo que ocurría de este lado del océano. Porque si bien trataban, heroicamente, de sacar la cabeza, siguiendo la lógica consecuencia de los hechos... La vida es así, cae la dictadura pero hay que ayudarla para que caiga, hay que tirarla abajo y, bueno, tratando de no perder muchas plumas tratar de hacerlo y si se pierde, se pierde, qué se va a hacer... Pero lo hacían y me integré ahí, a lo que era la lucha de los estudiantes, tratando de que se produjera el cambio que finalmente terminó produciéndose en España con la muerte de Franco; el poder no cambió de manos, siguió estando en manos de los mismos, pero se hizo lo que se pudo con toda la gente que huía de estas realidades... Me acuerdo de montones de artistas que andábamos por ahí... Me voy a olvidar de un montón de gente pero... llegó Alfredo, estaba Mercedes, el cabezón Guarany y otros, menos célebres...

-¿Y españoles?

-La mayoría, los que estaban contra el sistema pero de algún modo, amparados por organizaciones políticas que sí eran fuertes, sí tenían respaldo aún en épocas más complicadas; me acuerdo de Víctor Manuel y Ana Belén que, con el respaldo del Partido Comunista, también hacían lo que podían. Aunque después ellos tuvieron unas actitudes muy feas, firmando manifiestos contra la presencia de artistas latinoamericanos en España, diciendo que les sacábamos trabajo a los españoles, que había artistas españoles que no tenían trabajo, que eran muchos sudamericanos... Es verdad, éramos muchos sudamericanos, pero no creo que les sacáramos trabajo; la gente que quería ir a ver a un artista español, podía hacerlo. No me iban a ver a mí si querían ver a un artista español. Uno no le quita laburo a nadie.

-De diferentes ángulos, desde la Cultura, desde la política, desde cualquier lado que lo miren, los "sudacas" siempre fuimos los sudacas.

-Sí. Aún, lamentablemente, maltratados por gente supuestamente progre. Sí.

-¿Es en esa época que conoces a Atahualpa Yupanqui?

-En el '76 para el '77.

-¿Cómo lo conociste?

-Porque fue a un lugar que donde yo tocaba; fui a tocar por un fin de semana y me quedé tocando tres años ahí.

-¿Dónde era?

-En Madrid, en un lugar que se llama Toldería. Me recomendó un amigo uruguayo que tenía un dúo con su mujer; mi amigo se llamaba Manuel Picón.

-El autor de Garrincha.

-Es verdad. Mucha gente cree que es de Alfredo y es de Manuel Picón. El dúo era Manuel Picón y Olga Manzano y tenía un gran éxito con una obra de Pablo Neruda que habían musicalizado, habían hecho una obra de teatro con ese trabajo de Neruda que se llamaba Fulgor y muerte de Joaquín Murrieta. Al final de la dictadura de Franco esto era absolutamente revolucionario. Y lo es, de hecho. Manuel me conocía de oídas y luego me vio tocar. Nos hicimos muy amigos y me recomendó para que fuera a tocar a ese lugar.

-Y allí estaba, como espectador, Yupanqui.

-Sí. Y también iba el rey de España.

-¿El rey de España?

-Fue muy curioso; al rey de España le gustaba una canción mía que se llama Fronteras, que mucha gente la nombra como Soy latinoamericano, que es como dice el estribillo.

-¿El rey llegaba con custodia?

-No; él tenía la costumbre -en ese tiempo-... él era muy joven... para salir se les escapaba a sus custodias. Antes de volverse asesino de elefantes era muy deportista, muy activo, un tipo muy salidor, alpinista... Y andaba en moto. Entonces, se ponía un casco y una barba postiza y pasaba entre los guardias, que no lo reconocían. (Risas.) El tipo se escapaba y salía a bolichear por ahí. Y se iba a Toldería. Lo que tenía el rey era una voz inconfundible; entonces, uno de los mozos -que era argentino- lo escuchó una vez -que le pidió un gin- y lo sacó por la voz. Este argentino -un cordobés más rápido que la luz- me dice: "Bo, Roberto, el rey de España te pide que toques Fronteras". Le digo: "Andá a cagar". Pero como la tocaba todos los días, la toqué igual. ¡Y vos podés creer que era el rey de España, nomás! Después volví a verlo otra vez. Este argentino me decía: "Pero este tipo es como la tercera o cuarta vez que viene acá; siempre pide lo mismo".

-¿Y el encuentro con Atahualpa, cómo se da?

-Porque él era amigo del dueño de este lugar, Gonzalo, que había vivido en Paris muchos años y había tenido un grupo muy importante de música latinoamericana; volvió a España y se instaló este lugar. Y cuando Atahualpa Yupanqui venía a tocar a Madrid, iba a este lugar a comer algo. Me escuchó y le gustó lo que hacía; me invitó a la mesa. Me acuerdo que cuando me enteré que estaba Yupanqui me temblaba la guitarra, imaginate, me agarró un chucho... por la admiración profunda que siente uno por tremendos tiburones. Ponerte a tocar y cantar delante de un tipo así... Y el hombre quedó encantado, me llenó de amor, de cariño, de respeto. Fue lindísimo. Fue tocar el cielo con las manos.

-¿Atahualpa tiene algo que ver con tu ida a París?

-Tiene que ver, porque fue él que me sugirió que me fuera a París.

-¿Por qué te lo sugiere?

-Porque consideró que lo que yo hacía, en Paris podía funcionar muy bien; como que Madrid tenía un tope. Y sí lo tenía. Paris no lo tiene. Inclusive si tocás en Paris, la repercusión a nivel mundial es de otro orden. Hacer algo en Madrid tiene repercusión, hacerlo en París tiene otra repercusión. Por ejemplo, tocando en París a mí me salieron cosas para volver a tocar al área del Caribe. Y volver a México a hacer trabajos más importantes y más prolongados en el tiempo, que los que había hecho.

-¿Cómo era el Barrio Latino en aquellos tiempos?

-Como fue siempre: maravilloso. Yo tuve la suerte de vivir en el Barrio 14ème, en la rue d'Alésia cerca de la Plaza de Italia, cerca de la Ciudad Universitaria. Ahí conocí a Jaime Roos, que apareció un día a verme... Tendría que preguntarle cómo fue que se enteró que yo estaba ahí; lo supe, pero me olvidé cómo fue que me localizó. Jaime empezaba y yo ya tenía algunos añitos de carrera; cayó a verme, teníamos un amigo que trabajaba en la Ciudad Universitaria, un muchacho que había sido contrabajista de Los Delfines: Mario Aguerre.

-Es profesor en la EMAD.

-Claro. Él fue el responsable de mi higiene en París, porque, de trucho, nos permitía ducharnos en la Ciudad Universitaria. Es que vivíamos en un cuarto sin baño. Para orinar tenías que salir a un pasillo y, de ducha, a los franceses ¡ni hablar!; no son muy afectos ni lo consideran imprescindible. Pero nosotros sí nos queríamos bañar y para hacerlo utilizábamos aquel lugar. Creo que Jaime y el Negro Trasante se duchaba ahí, también. Mario te lo va a decir. Hacele acordar. Y bueno, ahí andábamos en lo de Mario Aguerre, el Negro Trasante... yo creo que el Negro vivía allí mismo con su mujer de entonces, una piba divina que se llama Patricia. Mario era el responsable del Mantenimiento en la Ciudad Universitaria; él era bueno para todo: te arreglaba un cable, las conexiones eléctricas, plomería, lo que fuera... Y tenía a su cargo un bâtiment (edificio) del que era responsable... No me acuerdo cómo pero de trucho había metido a vivir ahí a Trasante y su mujer y -además- nosotros nos íbamos a bañar, a pasar un rato, a comer, a tomar, a fumar un porro... (risas). Una cosa tremenda...

-Cuatro años más tarde del festival en México te vas a otro festival pero a República Dominicana: Festival 7 días con el Pueblo. Invitado por la Central Obrera de Trabajadores.

-Sí. Fuimos a reclamar la libertad de los presos políticos de la dictadura en la República Dominicana. Nos sacaron a todos del forro del culo, nos deportaron a todos de la media isla que es República Dominicana. O sea, la mitad es Haití y la otra mitad es República Dominicana. Nos dieron 24 horas para salir; éramos como 50 personas: Silvio Rodríguez, Noel Nicola, Mercedes Sosa, Ana Belén, Vïctor Manuel, Pi de la Serra, gente de Venezuela, cantantes de todos lados...

-Y Danny Rivera, que fue el primero que convocó Enrique De León -el dirigente de la CGT-que fue el que organizó el festival, inspirado en un festival realizado en Francia llamado Un día con el Pueblo. Contabas que se tuvieron que ir de apuro...

-Lo que pasa es que no se puede salir en 24 horas de media isla a todos los rincones del mundo; es imposible, no hay vuelos para sacar a toda esa cantidad de gente en 24 horas.

-Pero el festival se pudo hacer sin problemas...

-Con problemas. Pero lo que pasa es que el apoyo de la gente era tanto, era tan multitudinario, que hubiese sido una masacre soltar al Ejército ahí...

-Entonces los expulsan luego que finaliza el festival; porque fue en diferentes ciudades que se realizó.

-Sí, recorrimos toda la República Dominicana. Tocando en pueblos, en ciudades, en todas partes... El tránsito aéreo era más fluido con Venezuela, pero en ese momento Uruguay acababa de romper relaciones con Venezuela por el tema de la maestra Elena Quinteros. O sea que mi salida para Venezuela era imposible, yo tenía que volver a México que era de donde había venido; tenía que hacerlo vía Miami y se complicaba también porque no eran tan frecuentes esos vuelos. En fin, estuvimos como una semana para salir. Los primeros que consiguieron para salir fueron Silvio y Noel Nicola. Y¿sabés por dónde salieron? Por Puerto Rico.

-¿En ese tiempo te vas a Alemania? Estamos en el '74.

-No, ahí volví a México. Yo vivía y me quedé hasta el '75, allí.

-¿Cuándo vas a Alemania?

-En los '80. Pero pasaron muchas cosas antes...

-Contame.

-En el '71 fui al Festival de la Onda Nueva, en Caracas; me invitó Aldemaro Romero -que era el organizador-. Fue Piazzolla, Quincy Jones, Armando Manzanero, Olga Guillot, un montón de gente...

-¿Tu vínculo con Quincy Jones fue participar con él en ese festival?

-Sí, participar, cantar, tocar, compartir ahí alguna noche.

-Tito Puente también estaba.

-Sí, es verdad. Estaba Chico O'Farrill -el arreglista de Count Basie-... pila de gente. Después, estuve en el Festival de Agua Dulce, eso fue en Lima en el año '72. Lo organizó Chabuca Granda -la autora de La flor de la canela, Fina estampa, etcétera, etcétera y un larguísimo etcétera-. Por Uruguay fuimos Alfredo Zitarrosa y yo; por Argentina fue Víctor Heredia y un músico genial -que murió-; se llamaba Hugo Díaz...

-Me acuerdo, él tocaba la armónica... Tocaba un tema que se llama La cerrillana...

-Nunca se vio nada igual.

-Ese tema fue cortina de uno de los programas de radio que tuve; conocí la música de Hugo Díaz gracias a Jean Lousteau.

-Ah! Mira!... Bueno, te decía del festival en Perú: también fue Patricio Mas, Isabel Parra -la hija de Violeta-; fue Soledad Bravo; fue Geraldo Vandré, Manduka -el hijo de Thiago de Mello, enorme poeta brasileño-...

-En el año '77 -volviendo a México- hay un longplay titulado Canto de un pueblo. Y acá está involucrada Radio Educación; fue grabado en vivo durante las Jornadas de solidaridad con la Cultura uruguaya en el exilio. El disco tiene temas de Alfredo Zitarrosa, vos haces el tema Soy latinoamericano (Fronteras), está Tania Libertad, Viglietti, Amparo Ochoa, Los folcloristas, Oscar Chávez, Camerata Punta del Este, también... Miriam Ramos, Los Bravos, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Son y Paz. ¿En qué lugares se organizaban esos espectáculos?

-Eso fue organizado en un gigantesco auditorio que es el Auditorio Nacional del DF. Un estadio gigantesco.

-Recién hablábamos que Jaime Roos estuvo en Francia; vos participaste en el disco Aquello.

-Sí. Jaime necesitaba en ese momento un... Como siempre Jaime trabaja con ideas muy claras, lucha denodadamente para llevarlas a cabo y normalmente lo consigue. En esa oportunidad, jovencito y con pelo, me fue a buscar porque él quería una ropa, un vestido para un tema que tenía, que quería que se lo cantara El Sabalero. Pero lo quería con unas violas criollas y percusión. El tema se llamaba Aquello, era un tema nuevo.

-Así se llama el longplay, además.

-Claro. En ese longplay está el tema Los Olímpicos, que también grabamos. Jaime me fue a buscar; yo vivía en el bulevar Saint Germain, en el Barrio Latino de allá. Y Jaime venía de Holanda a -entre otras cosas- trabajar este tema. Por una parte se lo dio al Sabalero -que estaba en Amsterdam- para que se lo aprendiera. Jaime vino a París, arreglamos las violas. Él tocaba la guitarra de acompañamiento, yo tocaba todos los punteos y Trasante en la percusión de ese tema. Y también hicimos la versión original de Los Olímpicos, con Daniel Capuano, muy amigo de Jaime y también muy amigo mío desde esos tiempos.

-En un músico como vos, con unos cuantos años de trayectoria, ¿cómo es la relación con las guitarras? ¿Cómo se elige una guitarra? ¿Cuesta renovarla?

-Vos sabes que yo tengo una relación... para mí mis guitarras son una especie de... Es una cursilería lo que voy a decir pero lo estoy pensando y me resulta inevitable expresarlo así: son como parte de uno. A mí no se me ocurre tocar otra guitarra; es más, no se me ocurre a nadie pedirle que me preste su guitarra. Y no me gusta que alguien esté tocando y me pida la mía... No, no, yo necesito... Ojalá me hubiese pasado así con las mujeres (risas); con las mujeres tenía otros procederes, menos límpidos... Pero con la guitarra no, tengo la que tengo, me gusta ella y no se me ocurre tener otra guitarra. La vez pasada veía que todos tenían las Godin. Y voy a lo de Pepe Coutinho y me puse a tocarlas. Tremenda viola. Le digo: "Vos sabés que de repente termino comprándome una". Y me dice el Pepe: "Decime una cosa: ¿vos tenés tu Ovation estéreo, no?". Y yo: "Sí, claro". Y Pepe: "Entonces andate a cagar, no compres nada". Y no me quiso vender; me decía "¿Para qué querés? Si vos tenés tremenda viola!". Y me di media vuelta y me vine. Y seguí tocando con mi Ovation y con mi Domínguez. Tengo una guitarra cubana hecha por el cubano Evelio Domínguez, en Madrid. Es la guitarra de mi vida; aparte de una Pereira Velazco que me regaló el finado mi Viejo que es con la que empecé a estudiar música clásica de niño.

-Cuando tenés que recurrir a alguna reparación técnica ¿confías en algún luthier?

-Los buenos que yo conocía no los conocí aquí; en España -ni hablar- con Evelio; pero trato que nunca le ocurra nada y además no tiene por qué pasarle nada a una guitarra. En todo caso, si hay que cambiarle trastes o algo por desgaste o una cosa así, se la llevo a Pepe.

-¿Con quién estudiaste guitarra?

-Estudié con un profesor de barrio y tomé algunas clases con Atilio Rapat, también. Pero mi formación más que nada a nivel de música popular es autodidacta; siempre fui medio inventor del toque, investigué -de un modo muy empírico- inventando el modo de sacar del corazón la música que me sonaba por ahí.

-Finalizada la dictadura en Uruguay, ¿cuándo regresás al país?

-Volví en el '84, al final de los últimos coletazos de la dictadura; compré este rancho y me volví a París. En el '85 volví y ya me quedé acá.

-Ahí grabás para Orfeo No me manden flores, en La Batuta. Invitás a Quique Cano, en tambor piano a Eduardo Giménez, en repique a Luis Giménez y en chico a Nelson Magariños; pero también tienen orquestaciones grabadas en París, Madrid y México.

-Sí, es verdad.

-También vos te viniste con unas maquetas grabadas.

-Sí, me traje pistas que las procesamos, después, acá. Volví a poner las voces acá.

-Después grabas el disco con Trasante.

-Ese disco fue grabado en Normandía, en el mismo estudio en el que habíamos grabado Aquello, Los Olímpicos y Los zapatos de Trasante, para el disco de Jaime.

-Después acá lo sacó Orfeo -lo editó en el '87, '88-. En el '96, casi diez años después, volvés a grabar otro disco para Orfeo.

-Ahí me fui a Alemania. Donde llego, se arma lío: cuando llegué a España, se murió Franco y cuando llegué a Alemania, tiraron abajo el muro.

-¿En qué lugar de Alemania, estabas?

-En Berlín. En el Checkpoint Charlie -donde estaba yo en ese momento- era el puente donde transaban presos políticos los comunistas de un lado y los occidentales del otro; ahí hacían las transas, cambiaban espías.

-Sí, muchas veces se ve en las películas.

-Era una colmena de gente que venía de todos lados, había una convulsión tremenda. Yo estaba tocando en Berlín, en diferentes lugares y, con una muchacha que andaba conmigo que hablaba perfecto alemán, me pongo a hablar con un obrero alemán del otro lado, del lado comunista, de la Alemania Oriental. El tipo venía -después de laburar ocho horas- de mameluco, con una mazeta y un cortafierros a seguir laburando ahí. ¿A qué? A romper el muro; a terminarlo él, tener la satisfacción él de tirar el muro abajo.

-Después se fue incorporando más gente a esa actividad.

-Sí. Yo tengo unos pedazos de muro; me junté una caja de cigarros "comunistas" muy fea, muy triste, que ese tipo tiró y, adentro, guardé unos cachos de muro que habría tirado él, supuestamente, u otro. Y me los traje. Me traje unos cachos de muro adentro de esa caja de ese laburante que venía a tirar el muro porque le había costado sangre, sudor y lágrimas...

-Y ahí en Alemania formás un grupo con ecuatorianos, alemanes...

-... españoles... Sí. En realidad yo no lo formé, me integré al grupo.

-Se llamaba Fusión Arrabat.

-Sí; había temas míos y de otros también; con una fuerte influencia candombera. Un grupazo. Músicos alemanes tremendos.

-Celia Cruz ha interpretado temas tuyos, también Adriana Varela. Y María Dolores Pradera.

-Sí, es una intérprete española de muy notoria trayectoria; muy amiga de Chabuca Granda y de Atahualpa Yupanqui. Una señora de una gran presencia artística en España. Fue la mujer de Fernando Fernán Gómez, un actor español, también, muy notorio.

-Jaime también grabó temas tuyos.

-Sí. Con Jaime tenemos un viejo vínculo musical y amistoso. Nos vemos poco últimamente porque la vida lo quiso así.

-¿Por qué le cantás a la calle Yacaré?

-Yo empecé a frecuentar ese lugar simplemente porque fue una época en la cual hacía boxeo. Me gustaba mucho el box y, con el pretexto de hacer gimnasia, me fui acercando al deporte por admiración a algún boxeador. Iba mucho con mi finado padre a ver las veladas de box en el Palacio Peñarol, que en esos tiempos eran muy frecuentes; llegaban a haber peleas hasta dos veces por semana. Venían muy buenos boxeadores argentinos, brasileños, y aquí había un buen elenco... los tiempos de gloria de Dogomar Martínez, Juan Bautista el Negro Burgues y tantos otros. Empecé a hacer boxeo en el Club L'Avenir con Héctor Pedro Rodríguez, que después fue árbitro de fútbol.

-¿En qué año?

-Esto fue... yo tenía 16 años... Fue en el año '58, '57. Yo nací en el '42.

 -¿Fuiste mucho tiempo al L'Avenir?

-No, porque después me fui a entrenar con el Negro Burgues al club Boston, que estaba en la calle Yacaré entre Piedras y la Rambla 25 de agosto. Había sido un cine y se había convertido en un estadio de boxeo, donde venían a rendir pruebas de suficiencia los boxeadores que venían a combatir aquí. Todo muy profesional. Antes de hacer las presentaciones en el Palacio Peñarol -que se recontra llenaba- iba ahí a hacer las pruebas de suficiencia, demostrar que estaban bien.

-¿Cómo era el ambiente en la calle Yacaré?

-En ese momento yo era menor de edad, era un gurisito y no andaba de noche por la zona. Sí a partir de ahí me vinculé con la zona. Ya en los años '60 agarro la viola, había dejado el box, falleció mi padre en 1960 y eso cambió mi vida totalmente. Ahí sí, empecé a tocar la viola -supuestamente- en forma profesional en distintos lados, también aprendiendo lo que era la calle Yacaré. Después eso se fue sedimentando en la memoria y un día -no sé cuántos años después y en París- escribo Calle Yacaré con los recuerdos de esos años. Creo que fue en 1980 que escribí ese tema pero hablando de cosas que habían pasado 20 años antes.

-Vos nombras a varios clubes de esa zona y había bastante rivalidad entre un club y otro; en pocos metros están el Guruyú, el Waston y Las Bóvedas.

-Yo tenía amigos en los tres lugares; de hecho en Asaltantes salía gente de los tres lugares. Es como dice la canción de Jaime: rivales y hermanos.

-¿Vos a qué barrio perteneces?

-Me crié en Jacinto Vera. Pero ya, de más grandecito, empecé a frecuentar fuertemente la zona del Puerto, por Asaltantes, por los coros de allá abajo, el Gallego Ordóñez, Carlitos Soto, Cachela... el Bar Kismet, que estaba en la calle Colón y Buenos Aires... Las cantarolas, las primeras salidas de la noche, pero todo esto con 18, 19 años.

-Aparte ahí en la zona había una cancha de fútbol donde se podrían reunir grandes anécdotas y piñatas...

-Sí, tremendas... Ahí en Asaltantes salía el Pocho Méndez que era Juez de la liga de Guruyú. ¡Había que ser juez en esa época! Era un moreno canoso.

-Hemos repasado varias cosas. Me gustaría hablar de tu relación con el Carnaval. Empezaste en Asaltantes y, últimamente el vínculo viene por el lado de las Comparsas. ¿Cómo es esa experiencia de los barrios y el teatro de verano, tan distintas una de otra? El ir a un tablado de barrio, e ir al Concurso.

-Francamente mis participaciones en las comparsas son totalmente diferente, porque no he hecho tablado con ellas. Entonces, la vinculación es muy diferente. Uno participa sí con los ensayos que son muy intensos, pero el toque del Teatro de Verano es muy tenso, muy crispado. Y yo, en realidad, no disfruto mucho esa parte de la música en ese ambiente de tensión, no la paso muy bien.

-¿Cómo es esa experiencia, años atrás, de tocar en lugares como el bodegón La Telita, lugares que son almacén, boliche, donde de día se va a comprar fruta, verdura, vino y por las noches se trasformara en un lugar de espectáculos?

-Bueno, eso sucedía nada más que en ese lugar. No conozco otro establecimiento comercial con esas características. Los hermanos D'Alessandro -Lito y Rafael- inventaron eso y les funcionó en ese tiempo; porque era otro Montevideo, otra vida. Ahí era un lugar donde de día la gente iba a comprar verdura y de noche cambiaba las características totalmente. Por la noche iba la high society montevideana que llegaba a sentarse en cajones de fruta -literalmente- y sobre otro cajón de fruta se ponía queso, salame y vino; veías a gente que evidentemente no pertenecía a ese lugar que llegaba de un modo snob -si querés- a compartir con gente del barrio un trago y disfrutar -de pronto- la presencia de Edmundo Rivero o Alberto Mastra, o el Tito Cabano -que sí era vecino-, o el Chango Rodríguez que era un excelente guitarrista, compositor, folclorista argentino... Carlos Di Fulvio...

-¿Sabés por qué se llamaba La Telita?

-Rafael -uno de los dueños- me contó la anécdota; La Telita, en realidad, no tenía nombre. Un día le cayó una inspección de la Intendencia y le preguntó a cómo se llamaba el puesto. Se hizo un silencio y Rafael -o Lito, no me acuerdo cuál- se puso a mirar para arriba y, de repente, ve una telaraña... y dijo: "La Telita". (Risas) Y le quedó el nombre.

-En otra de las letras de tus temas aparece el hijo de Renée; ¿era un personaje real?

-Sí, sí. Jugaba ahí con otros gurises. Había varios boliches en la acera frente al Boston, de espaldas al Mercado del Puerto; había bares de muchachas por todos lados.

-Cae la Yuta y todos contra la pared. La Yuta era la cana.

-Era, es y será.

-Piazú era un Comisario de la 1era., terror de los malandros y de los laburantes, también. Le llamaban Cebo Negro; no lo quería nadie, ni los milicos lo querían.

-"Ya caeré de vuelta. Cuándo, no lo sé". Es como la penúltima...

-Claro. Uno sabe que las cosas van a suceder, cuándo... bueno.

-En el 2009 se editó Vamos bien, por Ayuí. Hugo Fattoruso, Toto Méndez, Pitufo, y vuelve a estar -con Benjamín Medina- Quique Cano, que ya había trabajado contigo varias veces.

-Sí, con Quique y con Ciro Pérez hicimos giras juntos en México durante muchos años. Ciro es uno de los mejores guitarristas criollos de todos los tiempos, de aquí. Es un guitarrista que cuando lo conoció Roberto Grella, el archicélebre maestros de guitarra argentino que tocó con Aníbal Troilo. Grella tenía un cuarteto que lo acompañaba y cuando lo conoció a Ciro deshizo el cuarteto y se puso a tocar con Ciro, únicamente. Y acompañaron durante añares a Edmundo Rivero en El Viejo Almacén... Don Ciro está viviendo en Francia hace muchos años, en Córcega.

-Elegía a Víctor Jara es un tema que grabaste. ¿Te acordás cuándo?

-Eso lo hice en España, pero no me acuerdo qué año. Fue cuando lo mataron -años '70- años tan oscuros y jodidos.

-¿Los derechos de autor de tus temas están en Francia o en Uruguay?

-Soy socio de AGADU desde los años '60. Cuando estuve en el exterior pedí la baja acá porque me iba a hacer socio de la francesa. En estos momentos soy socio vitalicio de AGADU.

entrevista del libro: Momentos, relatos y fotos - de aldo novick

 

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