J.Manuel García Rey - Tomboronkoto

J.Manuel García Rey - Tomboronkoto

J.Manuel García Rey

Tomboronkoto

Como le digo a Margarita: el bicho solo se mata en la cama o en sillón del estar o en la mesa de la cocina, si es preciso o invita. Ella se ríe y dice que nunca se lo habían pintado así
—Así, ¿de qué color? —digo.

entonces cambia de idea y dice:
—Bobo, mira que eres bien bobo-bobo cuando quieres.

yo solo digo que lo del bicho es cosa seria y hay que acabarlo cuanto antes porque después siempre se complica y puede convertirse en un alien cualquiera, una cosa más o menos repugnante que da un miedo atroz y que se parece demasiado a nuestros sueños.


En el mapa de casi 200 páginas algo disparatadas de este relato, poco bulto hace Tomboronkoto, pueblito al que llega el narrador en busca de oro pedaleando en una bicicleta estática. El neologismo sondonga dansona nombra el ambiente extravagante y escéptico que se forma su cabeza cuando las palabras se estiran y encogen, se rompen y reconstruyen de manera sorprendente.

El relato es sencillo. Está formado por teselas con una cierta independencia que permite una lectura personal y caprichosa: la lectura podría comenzar en el capítulo 14º y acabar en el 51º, pero el montaje rompe la comodidad de asideros y pasamanos, juega a presupuestos y presunciones, pretende envolver, tensiona.

El círculo hermenéutico se abre en la segunda lectura y la obra comienza a vivir de verdad. El texto pretende esa familiaridad donde lo fantástico parece real y lo real fantástico.

Todas las lecturas son diferentes, pero no resultarán extrañas las interrupciones de la risa, aunque el sentimiento final es de reflexión, pena y vacío. La amante y el vecino simplifican un mundo que se junta y se disgrega a un ritmo casi onírico donde triunfan la incomprensión y la lejanía.


Escribo mejor que cuando comencé, en parte a cuenta del distanciamiento y la ironía (que a veces se convierte en un perro arisco que sabe reír según Nietzsche). No puedo definir la literatura ni mucho menos la realidad: dos aguas conjuntadas. Así y todo, creo que logré separar con claridad mi vida personal y mis textos, si bien estos no se explicarían sin aquella ni aquella sin estos. Puedo ser casi objetivo, si bien la analogía suele derivar en metaforizaciones. Cuando me invade la lírica intento someterla obligándola a tiempos y circunstancias. He madurado y ya no hablo solo de mí. Desde Comunión (Ápices 1976) hasta la página que estoy escribiendo voy configurando mi pequeña parcela; por suerte, el arte es amplio y da cabida a formas inagotables de expresión. Hay quien habla de los de adentro y los de afuera: yo hablo de literatura. Es verdad que, en medio de la masa anónima, solo la prensa airea, da alturas y cobijo. Si no apareces en la Rolling Stone no existes, afirmaba John Lennon. El intrusismo, la venta de datos, el reality show tienen ventaja sobre el misterio y la ocultación y si la información no está en las redes, ya estará. La vida de un ser humano puede reducirse a unas pocas frases. Prefiero hablar de literatura. Egresé del viejo IPA en 1975. Fui profesor en Sauce y en España. Publiqué artículos, poemas y otros textos en revistas y diarios. Escribo desde los 14 años, este es mi décimo primer libro.

El libro se puede conseguir en:
Moebius, Linardi y Risso, La lupa, Puro verso, La escaramuza y Lautreamont.

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