HE VUELTO

HE VUELTO

poemas de David Cortés Cabán

Pintura de Miguel Elías para Ritual de pájaros
textos de Ramón Palomares y Eugenio Montejo

 

Parques y avenidas portentosas que alzan sus alas más allá del gran puente, el río huidizo y los pájaros que ensayan la danza del amor, todo fascina aquí, en esta gran ciudad del mundo, pero el poeta bebe de su exilio: el puente es solo una armazón de audacia, hierro y fuerza descomunal y la nieve puede deslizarse como un gato blanco. Y así David Cortés Cabán bebe su exi­lio mientras observa cómo el ruiseñor gira y baila y res­plandece cuando él mismo regresa al palacio de cristal y llega el ángel y él le dice que se siente a la mesa.


No te condenes
Bebe de tu exilio y persiste en sus aguas
Porque el regreso será maravilloso.

 

Y otra vez el mirlo, otra vez el ruiseñor encanta­do se levanta, cruzan y descienden a la casa tranquila, su breve escalera, su estrecho jardín, todo en ese esfuer­zo de cada largo día, porque vivir exige constancia y el trabajo exige constancia, y el magro disfrute y el vino y la contemplación y la escritura delicada exigen cons­tancia y el tiempo se adelanta y la vida se cumple. Y aún a cada tarde -que es en su regreso boda silenciosa-todo resulta un paraje embrujado y en su corazón hay siempre una isla resplandeciente y es por eso que asisti­mos a una plaza de pueblo casi al anochecer en vísperas de fiesta y las muchachas pasan pintadas y bonitas, tie­ne él ahora un poco menos de veinte años y en el afecto paternal, en ese gozo de confianza, el hombre de cabe­za canosa y barba resplandeciente que se deja ver un instante, se funde en él -son una hora y un ensueño detenidos en el encantamiento- y alejándose sobre los campanarios y tejados, en afectuosa conversación los dos parten a explorar las montañas. David Cortés Cabán pone en la palma de su mano su pueblo montañoso, su isla resplandeciente y asume los deslices de un mirlo y el habla de aquel ruiseñor pálido, y en su condición elevada y serena, modesto y noble, se deja ver flotando sobre la gran ciudad implacable y mágica, la gran ciu­dad del mundo, siempre leal, siempre amoroso en camino a su adorada isla, su pueblo y su pequeña plaza donde lo espera el resplandor.

Mérida, Venezuela, mayo de 2003

 

 

HE VUELTO

 

Nada que ofrecerte sólo el paisaje

y el hermoso brillo del corcel

y el pájaro

solamente el pájaro

sobre la leve superficie

que vuela y resplendence,

pues cierra los ojos para verlo

lo demás es pura sed

eso que escogemos al azar

cuando la memoria esparce las cenizas.

 

David Cortés Cabán

 

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