Luisa Cuesta

Roger Rodríguez - Nelson Caula
Luisa Cuesta - foto Sec. Comunicación Presidencia
Luisa Cuesta - foto Sec. Comunicación Presidencia

LUISA CUESTA (1920 – 2018)

La “vieja” de todos

Luisa Cuesta nació en la ciudad de Mercedes, Uruguay, en 1920. Su madre murió a los 5 años y fue a vivir a la casa de una hermana en una chacra, estudió en la Escuela Rural N° 32 y a los 10 años, regresó a la capital del departamento de Soriano. Estudió Comercio y Administración y trabajó más de 20 años un Taller de chapa y pinturas. Luisa se crió sin madre.

Casada con René Melo, a los 23 años tuvo su único hijo, Nebio. A los 30 años quedó viuda, para mantener a su hijo, quien desde muy joven participó de la militancia social que surgió en la sociedad mercedaria a mediados del Siglo XX, luego de la revolución cubana. Luisa fue una mamá sola y, de algún modo, también una imagen materna para aquella joven generación.

Nebio viajó a Montevideo para estudiar preparatorios en el IAVA y realizó cursos en la Facultad de Humanidades y Ciencias. Trabajó en la Librería Ruben de la calle Tristán Narvaja y, ya activo militante del Partido Comunista Revolucionario (PCR), colaboró en publicaciones como Época, Causa del Pueblo y Prensa Libre. Nebio se casó y tuvo una hija. Luisa fue abuela a los 62 años.

Un día después del golpe de Estado de 1973, Luisa fue encarcelada en el Batallón de Infantería N° 5 de Mercedes, donde hoy existe una terminal de ómnibus. Permaneció detenida hasta fines de enero de 1974, año en que se produjo una dura represión sobre los militantes del PCR en todo el país. Luisa Cuesta también fue una presa política, procesada por la justicia militar.

Nebio se exilió en Argentina y participó de la resistencia a la dictadura uruguaya. Fue secuestrado en Buenos Aires el 8 de febrero de 1976, un mes y medio antes del derrocamiento de Isabel Perón, por un grupo vestido de civil que se trasladaba en sendos Ford Falcon. Luisa se radicó en Argentina para buscarlo. No entendía aún que era madre de un desaparecido.

Impuesta la coordinación represiva de las dictaduras (Plan Cóndor), Luisa debió huir junto a su nuera y su nieta. Se refugia en Holanda, desde donde denuncia el tema de los desaparecidos. Fundadora de la Asociación de Familiares de Uruguayos Desaparecidos (AFUDE), participa de las reuniones de FEDEFAM (Federación de Familiares de América Latina). Luisa era referente.

Pudo volver a Uruguay en 1984 y participa de la campaña electoral. Se radica en el país un año después y se integra al grupo de Madres y Familiares de Uruguayos Desaparecidos con el que enfrenta a la amnistía aprobada por el gobierno en 1986 con el frustrado intento de derogarla en un plebiscito realizado en 1989. Luisa fue figura destacada de la campaña por el voto verde.

Desde 1996, Luisa encabezó las Marchas del Silencio que se realizaron en Uruguay cada 20 de Mayo. Su mirada asomaba sobre la pancarta principal que guió a decenas de miles de personas cada año en el reclamo de verdad, justicia, memoria y nunca más. Luisa se transformó en una de las “viejas” que impusieron los valores de defensa de los derechos humanos en Uruguay.

Junto a los Familiares de Desaparecidos participó de la Comisión para la Paz (COMIPAZ) creada en el gobierno de Jorge Batlle y continuó su lucha a pesar de que en el informe final se confirmó que su hijo fue desaparecido en Buenos Aires y probablemente llevado a Campo de Mayo. Luisa declaró: “Quisiera saber la verdad, porque para mí es la mayor de las justicias”.

La asunción del Frente Amplio al gobierno generó nuevas expectativas, con la aparición de restos de cuatro desaparecidos y la judicialización de las causas a pesar de la impunidad. Luisa entró en las unidades militares donde se hallaron restos y denunció el caso de Nebio en 2012, ante datos de su traslado y desaparición en Uruguay. Luisa fue testigo ante la justicia.

El caso de Nebio, como el de la mayoría de los desaparecidos, sufrió dilaciones a través de artimañas jurídicas de los defensores de los militares acusados por crímenes de lesa humanidad. Una enfermedad le postró en 2015 y fue internada en una casa de salud hasta su fallecimiento el 21 de noviembre de 2018. Luisa murió sin saber la verdad.

Ciudadana ilustre de Montevideo en 2012, honoris causa de la Universidad de la República en 2013, estampada en un sello postal en 2014, reiteró en cada homenaje que su lucha era por todos los desaparecidos… Huérfana, madre, viuda, abuela, presa, exiliada, denunciante, testigo, referente en derechos humanos, Luisa Cuesta se inmortaliza como la “vieja” de todos.

Roger Rodríguez

noviembre 2018

foto aldo novick

 

Tuve la suerte de tener de vecina a Luisa en varios veranos en el balneario Bella Vista. Se quedaba unas cuántas semanas en casa de Julia Vallejo. La escuchaba al otro lado del terreno que nos separaba, despotricar con toda su fuerza por las trampas que se hacían entre otras veteranas jugando al truco o la conga. Totalmente inverosímiles como anotarse puntos de más. Parecían niñas chicas y se peleaban en serio, hasta estaban un rato sin hablarse cuando terminaba la partida. Doy fe que pasaba muy bien allí.

Compartimos dos o tres asados, y todos queríamos distraerla un poco de los temas que le estrujaban el corazón; pero de a ratos explotaba en una verborragia  intensa y dura sobre los asesinos de la dictadura y sus protectores. Y así como era de frontal, lo era de tierna, y también muy divertida. Disfrutaba mucho contar sus "picardías" y "travesuras" de niña, tan graves como escaparse a la hora de la siesta y trepar bien alto los árboles y quedarse allí por horas. En uno de ellos andará trepando con Nebio, observando con sus ojitos de abuela triste nuestra miseria humana. 


Nelson Caula
noviembre 2018

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