Neil Young: la música es nuestro lenguaje

“En realidad, no había nada más importante en mi vida que la música. Y había que querer tocar de verdad y situar la música delante de cualquier otra cosa”. Neil Young 1992
Neil Young: la música es nuestro lenguaje

La más de 400 páginas con las memorias de Neil Young resumen un tiempo sin tiempo que nos pasea por la vida de un artista canadiense que llegó a la California soñolienta, a la Bahía de San Francisco, al sueño de un hippie que se convirtió en uno de los personajes más auténticos y creativos en la historia de la música. Es la primera vez que la portada de una edición es acompañada por varias notas más sobre el mismo artista. Seguramente encontraremos motivos para continuar compartiendo más material.

 

Neil Young, 1969, foto Henry Diltz

Neil Young

En 1969 me uní a CSN y el grupo pasó a llamarse CSNY. Fue una época de lo más interesante. Estaba con dos grupos a la vez: grababa con los Crazy Horse y ensayaba con CSNY. David, Stephen y Graham tenían un sonido único y particular; Ahmet y Stephen querían que colaborase con el grupo para añadir algo a las actuaciones en vivo, supongo que más rocanrol.

Al principio algunos no tenían claro si debía formar parte del grupo de manera oficial, es decir, si la Y debía añadirse a CSN o no. Por suerte, nunca fue un problema serio. Elliot estaba presente y todo salió bien. Stephen y yo nos alegramos de volver a tocar juntos y retomamos nuestra amistad como si no hubiera pasado nada. El primer disco de CSN había sido un éxito (sonaban como un coche nuevo saliendo de la cadena de montaje) y yo acababa de publicar Everybody Knows This Is Nowhere, que estuvo dos años en las listas de discos más vendidos.

CSNY, Minnesota, 1970, foto Henry Diltz.


En Woodstock pasó algo curioso. No quería que hubiera cámaras de video en el escenario porque me distraían mientras tocábamos. Detestaba el ambiente fanfarrón de las filmaciones y creía que la música salía perjudicada. Para mí cualquier cosa que se interpusiera entre nosotros y el público era un estorbo. Si se escucha con atención la presentación del grupo, dicen “CSN”. Se vengaron quitando la “Y”. En el disco de Woodstock, Atlantic Records usó una canción mía, “Sea of Madness”, que grabé meses después en el Fillmore East de Nueva York. Fue una decisión que inducía a la confusión.
Lo más divertido fue llegar a Woodstock. Recuerdo que me topé con Jimi Hendrix en el aeropuerto pequeño y que fuimos hasta Woodstock en una camioneta. Había una multitud colosal y fue un momento decisivo en la historia del rocanrol.

Muchos de los conciertos de CSNY nos dejaron muy buenos recuerdos, pero nunca en estadios sino en auditorios donde nos oíamos y el grupo se centraba en la música y no en el estrellato. El disco en directo 4 Way Street así lo refleja en parte. Hubo momentos musicales excelentes y la energía de Crosby era el catalizasor. Estaba tan metido en ello que resultaba contagioso. Stephen y yo intercalábamos fraseos breves mientras Crosby cantaba y Graham hacía los coros. Fueron instantes sublimes.

Estábamos en casa de Steve y Leo en Butano Canyon just después de que ocurriese la tragedia de la Universidad de Kent. La Guardia Nacional había matado a cuatro estudiantes y la fotografía de una de las víctimas, Allison Krause, aparecía en la revista Time. Todos la mirábamos. Estaba en el suelo y, si mal no recuerdo, a su lado había otra estudiante arrodillada. Aquellos estudiantes formaban parte de nuestro público. Tocábamos para ellos. Era nuestro movimiento, nuestras culturas, la generación Woodstock. Éramos una unidad. El vínculo entre los músicos y las personas de esa cultura era muy personal; estábamos muy unidos a los estudiantes, los hippies y los pacifistas.

 

 

Aquella fotografía nos hirió en lo más profundo. Habíamos escuchado y visto las noticias en la tele, pero al ver esa fotografía reflexionamos por primera vez sobre lo sucedido. En aquella época, antes de Internet y de las redes sociales, las cosas eran muy distintas. Nos invadió una sensación de tristeza e incredulidad. Agarré la guitarra, toqué algunos acordes y en aquel mismo instante compuse “Ohio”; “cuatro muertos en Ohio”. Al día siguente fuimos al estudio de Los Ángeles y grabamos la canción. No había pasado ni una semana y ya sonaba en la radio. Todo sucedió en un tiempo record. Todas las emisoras ponían “Ohio”. Los programadores no censuraron nada. Ni siquiera existían servicios de programación; los pinchadiscos ponían lo que querían en las emisoras de FM.

Neil-Young, 1971,foto Henry Diltz

El grupo se ha reunido por otras causas políticas con el paso de los años, y es algo con lo que disfruto. Cantar juntos es una gozada y me gusta sentir el amor y el respeto que nos profesamos. Durante la guerra de Irak, CSNY salió de gira para cantar los temas de mki último disco, Living with War, y un puñado de canciones antiguas con un enfoque político. Era como en los viejos tiempos. Pero las cosas habían cambiado: en lugar de unir al público con la música, lo dividimos en dos. Fue un indicio de los tiempos que corrían. Hemos pasado por muchas cosas juntos: la contracultura, momentos duros, desconfianza y dolor. La vida. Cuando tocamos, el público todavía lo siente; es como la llama de una vela que parpadea, como el sol que se pone. Como una niebla que llega. Son nuestras vidas.

 

Neil-Young, St.Perburg Fl 1973, foto Joel Bernstein


Para mí ésa es la esencia de CSNY. Conectamos de veras con nuestra generación, fue real. Los quería a todos. Las cosas han cambiado mucho desde esa época inocente. Buffalo Springfield era pura química, pero en CSNY éramos amigos y experimentamos juntos un fenómeno único. Crosby fue siempre el catalizador que nos empujaba a entregarnos. Me bastaba mirarlo para darlo todo. Creía en lo que hacíamos. Graham era el profesional por excelencia, siempre tenía sus partes preparadas y nos animaba cuando improvisábamos, y compuso las canciones que nos dieron a conocer. Stephen era como mi hermano, emotivo y conflictivo, en constante lucha con demonios invisibles y bestias de todos los colores, aportando un toque inconfundible.

La combinación de toda esa energía, junto con la del público, representa para mí lo mejor de CSNY. Pero entonces llegaron la fama, las drogas, el dinero, las casas, los coches y las admiradoras, y luego los discos en solitario. Tuve que distanciarme. Tenía demasiadas canciones e ideas en mi interior. Mi primera sesión de grabación tuvo lugar el 23 de julio de 1963 en la radio CKRC de Winnipeg. Tenía diecisiete años. Harry Taylor era el técnico de sonido y Bob Bradburn, un pinchadiscos de la CKRC, el productor. ¡Los Squires habían ido a grabar a la radio! El primer día tocamos todas nuestras canciones para oír cómo sonaban una vez grabadas. Fue emocionante y yo estaba en la gloria. Justo antes y después de esas sesiones tocamos en el Crescentwood Community Centre y nos pagaron 35 dólares la primera noche. El estudio de la CKRC tenía un par de grabadoras mono, algo de ecualización y eco y una mesa de mezclas. Las mezclas se hacían en directo. Fue la primera vez que me grabaron la voz.

 

 

Aunque los sencillos de 45 rpm de los Squires no tenían carátula, siempre he concedido mucha importancia a las carátulas. Le ponen cara al proyecto. Sé que hay gente que piensa que los discos están pasados de moda. Las carátulas y el texto de las mismas estaban pensados para los amantes de la música, les ofrecían imágenes y les ayudaban a comprender el contexto de la música, les ofrecían imágenes y les ayudaban a comprender el contexto de la música, la emoción del artista. La carátula de mi primer disco decía mucho de mí sin palabras. Conocí a Gary Burden mientras nos fotografiaban para la carátula de Déjà Vu, mi prmer disco con CSN.

Neil Young with Crazy Horse, 1975, foto Henry Diltz


Con la llegada de los CD la parte artística se convirtió en un reto. Por supuesto, la calidad sonora también se vio afectada, ya que sólo conservaba un quince por ciento del sonido de la grabación original. Desde que la música en línea se aifanzara con servicios como Spotify, Rhapsody y otros similares, la creación artística se ha tenido que enfrentar a otro reto.
Briggs y yo comenzamos a grabar juntos por primera vez en agosto de 1968. Se trataba de mi primer disco en solitario. Significaba mucho para mí. Por fin podría crear mi obra maestra. Los Buffalo Springfield era un gran grupo, pero desde el punto de vista creativo me sentía frustrado porque sabía que dentro de mí había mucha más música. Creo que Stephen se sentía igual en CSN.


Me gustaría compartir el siguiente fragmento, extraído de una entrevista que Briggs hizo, a petición mía, para el libro de Jimy McDonough Shakey:

“Te podría enseñar todo lo que sé en una hora. Todo. Grabar discos es muy sencillo. Hoy día, colega, los técnicos controlan el medio. Hacen que parezca magia negra o tan difícil como pilotar una nave espacial. Le puedo enseñar a cualquiera a pilotar esa nave espacial. En las consolas modernas hay treinta potenciómetros para todas las frecuencias que se pueden ajustar al milímetro, pero no valen una mierda. No sirven para nada, hay que pasar de ellos y no dejarse intimidar.

Entro en estudios con las consolas más grandes nunca vistas y lo primero que pido es el diagrama esquemático y digo: '¿Podrías conectar de aquí hasta alí y eliminar toda la mesa?'. Yo voy directo a las grabadoras. Las consolas modernas las fabrican para sacar dinero, y son una puta mierda, suenan fatal. No hay nada con las válvulas de toda la vida, como la consola verde de Heider. Tiene dos mandos para el tono (fecuencia alta, frecuencia baja y un potenciómetros panorámico) y ya está. Tuve mucha suerte cuando empecé a grabar discos de joven. Lo hacía en los estudios de Wally Heider, y allí aprendí de la mano de Frank Dimidio, Dave Gold, Stn Ross y Dean Jensen. Eran genios de la industria musical y siguen siéndolo.

Me enseñaron todo lo que hay que saber sobre el sonido, la creación del sonido y los principios del mismo, y tenían toda la razón del mundo cuando me dijeron que el mejor sonido se consigue en la fuente. Basta poner un buen micro delante de la fuente y grabarlo siguiendo la ruta más corta posible. Así se consigue un sonido bestial. Los otros métodos son un trabajo inútil. El momento clave de mi vida, y todavía no lo he superado, fue en 1961, cuando fui a Los Ángeles por primera vez. Me invitaron a Radio Recorders para ver a Ray Charles. Entré en el estudio y vi a Ray tocando el piano con la mano izquierda, leyendo la partitura en formato braille con la derecha y cantando en vivo mientras una orquesta tocaba detrás de él. Me senté a verle y pensé: 'Así es como hay que grabar'. ...”.

Poco después de que saliera mi primer disco, Neil Young, conocí a Billy Talbot y a Danny Whitten, miembros de los Rockets, en el Topanga Center. Ya había visto a los Rockets en el Whisky, en Hollywood, y había ido a visitarles varias veces a la casa de Laurel Canyon Boulevard cuando yo todavía estaba enlos Buffalo Springfield.

Eso fue antes de que la música se convirtiera en un negocio, una industria, una mercancía o un activo. La música era más importante. Me parecía más humana y creo que por eso me relajaba y me lo pasaba bien con los Rockets en la casa de Laurel Canyon. Nos sentábamos en un círculo enorme y cantábamos juntos o solos. La música era nuestro lenguaje. Nos pasábamos la guitarra igual que los indios americanos se pasaban la pipa.


“Nunca he concedido entrevistas porque siempre me metían en líos. Siempre. Expresaba más sin decir nada”. NY 1975

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