Daniel Viglietti

Por ellos canto
Daniel Viglietti

La discografía de Daniel Viglietti reúne trabajos que comenzaron en 1962, la década del '60 y todo el clima social, no sólo en su país, también en el mundo son motivo para expresarlo en sus textos. Los ríos, el viento, el indio, canciones de Atahualpa Yupanqui, o las letras de su lp Canciones para el Hombre nuevo van pintando el paisaje de su América, sus carencias y conflictos. Interpretando sus propios temas, como de otros autores como Washington Benavides, Nicolás Guillén, Violeta Parra, Mario Benedetti, Julián García y Jorge Salerno, Rafael Alberti, Juan Cunha, Chico Buarque, Bertolt Brecht, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola, por citar algunos nombres.

La dictadura en Uruguay censuró su obra, prohibiendo la difusión de sus canciones en todos los medios de comunicación, así como también la edición y venta de sus discos. Durante su exilio, vivió en París, Francia, continuó realizando conciertos y recorriendo ciudades; en muchas de ellas se editaban discos, algunos "pirata" o se hacían copias de sus canciones en casetes. En uno de aquellos conciertos se grabó en vivo un long play, publicado en Europa en 1978. En Canción para mi América participan Isabel y Ángel Parra, hijos de Violeta Parra. La canción Vamos estudiantes, pertenece a la banda de sonido de la película Me gustan los estudiantes, de Mario Handler, grabada en Uruguay en 1968.

lp editado en Francia en 1973


A comienzos de la década del '80 llegó a mis manos uno de aquellos discos pirata, un lp de vinilo que en el lado a tenía parte de un concierto de Viglietti en vivo, y en la cara b un concierto de Joan Báez. En 1973, el sello francés Le Chant Du Monde editó el lp Canciones Chuecas con los mismos temas que la edición original, pero con un diseño de arte distinto, la de 1971 tiene dibujos de carátula y contracarátula de Áyax Barnes. La edición francesa del '73 cuenta con la traducción de Fabrice Talian, diseño de Alvaro Pares, arte y diseño de Anne-Marie Rechmer. Estas ediciones no figuran en las discografías publicadas en algunos sitios. Por ellos canto fue grabado en vivo el 1 y 2 de setiembre de 1984 en el Estadio Luis Franzini de Montevideo, al regresar Viglietti de su exilio. El guitarrista que lo acompañó  fue Carlos Da Silveira, ya que Viglietti tenía una lesión en su mano y no podía tocar. En el lp Daniel escribe: "En estos años hemos aprendido a cantar sin tierra, como el clavel del aire. Parte de lo nuevo, lo florecido, convive en este disco con canciones de un pasado imborrable. En este retorno he encontrado una calidad humana, una tenacidad en la esperanza de nuestra gente, que no sé cantarla." El disco está dedicado a su padre.

 

Y.Palacios, N.Moraes, D.Viglietti, Ch.Buarque, R.Castillo - © foto aldo novick, 1984


En la contratapa del disco A dos voces, de Benedetti-Viglietti, Idea Vilariño escribe: "He aquí dos voces esenciales, las voces de dos hombres esenciales, de dos hombres de mirada lúcida y de verso entrañable, de decir a la vez contenido y elocuente, hablacantando las crueles urgencias, las fieras circunstancias, las módicas esperanzas, el destino de los hombres todos, pero más aún del hombre americano". En 1982 Chico Buarque grabó un disco con 10 canciones cantadas en español; Viglietti realizó las versiones al español. 

A medida que los años intentan pisar nuestra vida, las malas noticias golpean nuestra puerta, nos vamos acostumbrando a los adioses. Quiero compartir con ustedes unas líneas publicadas en un dario español, que pertenecen a Joan Manuel Serrat:

Nos hemos quedado más solos y a partir de ahora nos toca bregar con tu ausencia

La lista de amigos perdidos empieza a ser tan extensa como insoportable, de modo que hace un tiempo decidí no escribir más obituarios de gentes queridas. No solo porque hacerlo no me produce ninguna liberación, sino también porque cuando llega el final, por cercano y previsible que se anuncie, necesito un tiempo para nosotros. Para él y para mí. Pero los muertos son noticia y como a tales se les mira con ojos urgentes.

Vamos, vamos... antes de que se enfríe.

1972. Montevideo. Allí nos conocimos. Tú estabas en la cárcel, yo lo supe y desde el escenario del Teatro Solís me puse a cantarte con la esperanza de que mi voz llegase a tu calabozo: “Yo no soy de por aquí/ Es otro pago mi pago...”. JMS

Tan simple, como su Sería fantastic. Sería fantástico que esto no pasara nunca, pasar por la vida sin la frontera de la muerte, continuar sin cumplidos llamando a las cosas por su nombre. Hoy nos queda tu obra. Esperamos tu nuevo trabajo, el que seguramente Ayuí terminará de editar para presentarlo. Mientras, repasemos parte del contenido del librillo del primer lp.

aldo novick

 Teatro Solís, foto aldo novick, 1992


Éste es el primer fonograma de Daniel Viglietti. Fue grabado a mediados del año 1962 y editado en 1963 bajo el sello Antar en Uruguay (PLP 5024), con reediciones en Diapasón, Argentina, en 1970, y Polydor, España, en 1976. Tras la larga prohibición de la dictadura, en 1986 tuvo una reedición uruguaya bajo el sello Ayuí, en vinilo (A/M 26) y en casete (A/M 26 K). Hé aquí su primera edición en disco compacto.
Viglietti, entonces de 22 años (cumplía 23 en julio de 1962), había tenido una rápida maduración como intérprete y como creador. Su primer fonograma tuvo una calurosa acogida en el medio musical uruguayo y recibió el Gran Premio del Círculo Crítico del Disco.

Las “Seis impresiones para canto y guitarra”, compuestas entre 1959 y 1960, habían sido ya presentadas en público. De las restantes piezas propias incluídas en este fonograma, “Niña Isabel” había sido creada en 1957. “Canción para mi América”, de 1961, primer estallido de un aspecto fundamental de la personalidad de Viglietti, fue la canción que más proyección dio a su nombre a mediados de la década del 1960. Rebautizada a veces como “Canto a mi América” o “Dale tu mano al indio”, recorrió continente y continentes. Éste es el testimonio de su versión original.


Se transcribe a continuación el texto de contratapa de la edición original en vinilo, escrito por Pablo Cardoso.
L.H. Montevideo, 1986/2003.

En la evolución mundial que ha sufrido la guitarra en estos últimos tiempos, el Uruguay ocupa un fundamental lugar. Hay valiosísimos guitarristas en nuestro medio, y su labor abre camino a los futuros cultores del instrumento. La paciente y lúcida formación de nuevos ejecutantes está a cargo de maestros de gran valor. En el campo de los intérpretes se destaca nítidamente el arte de Abel Carlevaro. Entre la pléyade de integrantes de la nueva generación se distingue la definida personalidad de Daniel Viglietti. Al presentarlo hoy, el sello Antar pone en contacto a nuestro público con un intérprete y un material musical de jerarquía e interés.

Viglietti ha realizado una intensa actividad musical a pesar de su juventud. Nació en Montevideo en 1939. Sus primeros estudios musicales fueron de piano, a temprana edad, y sólo en 1957 se definió su vocación por la guitarra, instrumento que abordó entonces con el maestro Atilio Rapat, y en el que actualmente se perfecciona bajo la dirección de Carlevaro. Cursa asimismo armonía, canto y otras asignaturas en el Conservatorio Nacional de Música. Ha cumplido numerosos recitales en Montevideo y en el interior presentándose en las principales salas, en radio y en televisión. Participó en las Semanas Universitarias de Paysandú, Salto y Montevideo organizadas por la Universidad de la República. En 1962 causó gran impresión su intervención en el Ciclo de Música de Cámara del SODRE, saludada unánimemente por la crítica.
En su producción para canto y guitarra Viglietti ha escrito canciones con texto propio -por ejemplo las Impresiones- y una importante serie sobre poemas de Federico García Lorca, Nicolás Guillén, Pablo Neruda y Rafael Alberti, parte de la cual será difundida en un próximo registro.

 


Éste es el primero de una serie de discos que Viglietti completará para Antar en cumplimiento de un contrato de exclusividad. Su primera faz está dedicada a las Seis impresiones para canto y guitarra.

El viento. En 1959, durante su estadía en la hermosa ciudad de Minas, Viglietti compuso una melodía melancólica junto a la cual fue surgiendo con rara espontaneidad un texto que ha permanecido sin modificarse desde aquellos días. Ése fue el germen de las Impresiones, y así surgió El viento, primera de la serie. Un tema inicia la canción, un tema nostálgico que luego será renovado en tonalidad mayor. Un raro clima sonoro rodea el final, en el que la voz repite una frase sobre armónicos arpegiados de la guitarra.
El encuentro. Es en el tiempo la última, y en opinión de su autor, la más lograda musicalmente. Su panorama armónico es determinado fundamentalmente por el interesante tratamiento de la guitarra, cuyo trabajo trasciende el mero acompañamiento.

La doncella. La línea melódica no disimula su inspiración medieval y el acompañamiento trata de no alterar su pureza. Un pasaje rítmico de sabor español introduce el episodio intermedio, hasta la reaparición del tema inicial. La fuente. En esta canción -inspirada por la fuente de Cerro Blanco- resurge la presencia del paisaje minuano. Los arpegios de la guitarra logran un efecto muy particular sobre el cual fluye con naturalidad una hermosa melodía, cálida y envolvente.


Niña gris. En el taller del pintor uruguayo Manolo Lima, el músico admiró una tela que representaba a una niña enmarcada por tonalidades grises. “Sobre esta página quiero aclarar -ha escrito el autor- que en los días previos a su registro la he modificado sustancialmente, principalmente en su texto que, antes negativo y pesimista, se transformó en un canto esperanzado, acorde con mis ideales humanos”. El tiempo hizo que aquel cuadro comunicara a Viglietti un nuevo contenido. Olimar. El río inspiró a Viglietti durante su pasaje por Treinta y Tres. La canción es, quizá, de la serie, la que su autor canta con mayor afecto. El acompañamiento tiene algo de cíclico y sugiere el hecho mágico del permanente nacimiento del agua, en continuo transcurso, siempre igual pero siempre nueva, fluyente e inagotable. Por eso su tiempo, el tiempo del río, del agua, es una dimensión distinta; es el tiempo que marca el compás del nacimiento de las cosas; es un tiempo bueno: “Olimar, tu arena buena es el tiempo de tu senda”. En el final, los arpegios de la guitarra sostienen un hermoso efecto melismático de la voz.

La pianista Lyda Indart madre de Daniel y su hija Trilce - foto aldo novick


En la segunda faz de su LP, Viglietti se muestra como valioso intérprete del folclorismo de esta parte de América.
Niña Isabel. La zamba es una danza particular del folclore argentino, su música cadenciosa se presta a la expresión romántica. Viglietti compuso los versos y la música para cantar a “la del pelo donde duerme la noche”. La tucumanita. En esta zamba, Atahualpa Yupanqui reedita su característico estilo, estilo y arte ligados a su pueblo. El autor ha ideado un humorismo tierno en el lugareño que se dirige a su compañera. La intimidad del canto y la gracia de los rasguidos de la guitarra hacen de la versión de Viglietti una verdadera creación.


Tú que puedes, vuélvete. El curso de un río chileno, corriendo inexorablemente hacia el Pacífico, alejándose fatalmente de las montañas de su patria, inspiraron a Yupanqui esta añoranza de su tierra. Danza americana. Esta pieza instrumental pertenece a una obra mayor llamada Suite Americana, inspirada en temas folclóricos de nuestro continente, en la que trabaja Viglietti en momentos de imprimirse este disco. Milonga del Santa Lucía. Nuestro joven autor es nuevamente inspirado por el paisaje minuano, en cuyas sierras nace el “indio río de azul copla”. Los ríos de nuestra tierra han poblado persistentemente de imágenes la sensibilidad del músico. No sé por qué piensas tú. Difundido poema perteneciente al libro El son entero del poeta cubano Nicolás Guillén, musicalizado por el folclorista argentino Horacio Guarany.

Canción para mi América. En torno a la guitarra hay en nuestra América una tradición artística, pero también una tradición histórica o, mejor aún, patriótica. La guitarra es un instrumento noble. A su través, en todas las épocas volcaron nuestros pueblos sus sentimientos más hondos y más auténticos, tanto los referidos a lo más íntimo de la individualidad -amor, dolor, alegría- como aquellos que, colectivamente, los han empujado siempre a la búsqueda de la emancipación. Presente en él también esa tradición, Viglietti ha concebido este hermoso canto de libertad.


Pablo Cardoso
Montevideo, 1963

 

© foto aldo novick

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